Hace una década, en Cajicá, nació un proyecto modesto. Pocas personas imaginaron entonces su alcance futuro. She Is comenzó como una apuesta pequeña orientada a decenas de mujeres. Sin embargo, el paso del tiempo transformó esa iniciativa en un referente continental.
La fundación surgió con un propósito claro. Buscaba ofrecer autonomía financiera a mujeres atrapadas en ciclos de violencia. La falta de ingresos propios las hacía vulnerables. Por ello, She Is diseñó talleres de capacidades productivas. La ecuación era sencilla: más oportunidades económicas significaban menos violencias.
No obstante, la realidad presentó un giro inesperado. Muchas participantes eran madres cabeza de hogar. Llevaban a sus hijas a los talleres por necesidad. Esas niñas enfrentaban un panorama desalentador. Millones de jóvenes carecían de medios y referentes para construir su futuro.
Entonces, la organización tomó una decisión crucial. Volcó todos sus esfuerzos hacia las nuevas generaciones. El objetivo cambió: transformar sueños juveniles en oportunidades reales. Esa determinación marcó el rumbo definitivo de She Is.
Hoy, diez años después, los números hablan por sí mismos. La fundación ha beneficiado a 22.000 niñas en el continente. Además, ha llegado a 31 de 32 departamentos colombianos. Su modelo se exportó a Ecuador, Panamá y otros países. Asimismo, inauguró centros de emprendimiento en regiones históricamente olvidadas.
“Transformamos esos círculos de violencia en motivantes para lograr vidas cambiadas”, subraya Leidy Martínez, directora ejecutiva de She Is. Su liderazgo ha sido fundamental en esta travesía. Bajo su guía, la organización rompió paradigmas profundamente arraigados.
La fundación ha graduado mujeres en campos científicos. También convenció al empresariado colombiano de una verdad fundamental. Invertir en equidad de género no es un gasto. Por el contrario, representa una inversión estratégica con retornos medibles.
Los programas de She Is atienden múltiples vacíos. Una vertiente ofrece educación y capacidades productivas en territorios apartados. De esta manera, el talento local encuentra oportunidades concretas. Otra línea de trabajo desafía barreras históricas arraigadas en la sociedad.
Niñas de Vaupés, Amazonas, Cauca, Meta y Guaviare han viajado lejos. Llegaron a la NASA y al Kennedy Space Center. Estos viajes no son turísticos ni simbólicos. Representan la posibilidad de que ellas lideren futuras misiones espaciales.
Además, existen programas enfocados en derechos fundamentales. Garantizan acceso efectivo a la justicia para las participantes. También promueven condiciones básicas para vidas libres de violencias. Incluso facilitan su participación en procesos de construcción de paz.
Actualmente, 155 niñas cuentan con becas en carreras STEAM. Estas disciplinas tradicionalmente han estado dominadas por hombres. Matemáticas, química, física y robótica ahora tienen rostros femeninos diversos. Así, She Is desmantela prejuicios sobre quién puede dedicarse a la ciencia.
“Invertir en las niñas es apostar por su futuro, el de sus familias, pero también de Colombia. Trabajamos para que ellas se convirtieran en quienes manejen las riendas de su historia”, cuenta Martínez. Sus palabras reflejan una filosofía organizacional clara y contundente.
El trabajo de la fundación ha trascendido las comunidades locales. También ha penetrado las juntas directivas de empresas poderosas. Ochenta aliados estratégicos respaldan actualmente a She Is. Entre ellos figuran Ecopetrol y Bancolombia, dos gigantes corporativos colombianos.
Universidades prestigiosas también se sumaron a esta causa. Harvard y el MIT firmaron convenios en 2024. Ambas instituciones reciben colombianas en sus aulas especializadas. Allí, las jóvenes se forman en disciplinas científicas avanzadas.
Organizaciones no gubernamentales aportan conocimiento y recursos igualmente. Este ecosistema de alianzas mantiene andando a She Is. Cada socio contribuye desde su experticia particular. Juntos, multiplican el impacto de cada iniciativa implementada.
Hace un mes, la fundación participó en un hito histórico. She Is estuvo presente en la firma presidencial. El presidente Petro otorgó sustento jurídico a la Política Exterior Feminista. Este decreto representa un avance institucional significativo para Colombia.
Las alianzas estratégicas permitieron crear el She Is Global Forum. Este espacio es pionero en Latinoamérica actualmente. Muestra historias de éxito de mujeres que superaron desigualdades. También evidencia cómo llegaron a espacios de alta incidencia.
Anualmente, 88.000 personas siguen este foro en promedio. Abogadas destacadas comparten sus trayectorias en el escenario. Empresarias exitosas cuentan cómo rompieron techos de cristal. Sus testimonios inspiran a miles de niñas espectadoras.
“El talento está en todas partes, las oportunidades, no. Mostramos a las empresas que son inversiones que, más allá de la filantropía, tienen resultado en el futuro de las niñas y del país. En el sector privado también se puede trabajar por la igualdad”, comenta Martínez. Su mensaje desafía la visión tradicional de responsabilidad social.
La directora ejecutiva reconoce que persisten desafíos importantes. Los gobiernos deben asumir la igualdad como prioridad real. No basta con declaraciones simbólicas o programas superficiales. Se requieren políticas públicas robustas y sostenidas en el tiempo.
En Colombia, específicamente, se necesitan más aliados estratégicos. La brecha entre talento y oportunidades sigue siendo amplia. Por tanto, traducir capacidades en logros concretos requiere recursos adicionales. También demanda compromiso sostenido de diversos sectores sociales.
A pesar de los obstáculos, Martínez mantiene una visión optimista. El horizonte de She Is se expande constantemente. Los próximos años traerán cambios en la escala de impacto. Las cifras ya no se medirán en miles de beneficiarias.
Millones de niñas serán impactadas en el futuro cercano. Esta proyección no es mera aspiración retórica. Se fundamenta en el crecimiento exponencial de la organización. También se basa en la consolidación de su modelo.
La fundación ha demostrado que cerrar brechas es posible. La educación y el emprendimiento son herramientas poderosas de transformación. Cuando se combinan con perspectiva de género, los resultados se multiplican. Las vidas cambian, las familias prosperan, las comunidades se fortalecen.
She Is representa un prototipo replicable en otros contextos. Su metodología ha sido probada en diversos territorios. Desde zonas urbanas hasta regiones remotas, el modelo funciona. Arauca, Putumayo y Atlántico son testimonios de esta versatilidad.
La presencia en seis países continentales valida la propuesta. Ecuador y Panamá adoptaron el modelo exitosamente. Otros países latinoamericanos estudian implementarlo próximamente. Así, la experiencia colombiana se convierte en patrimonio regional.
Las niñas que hoy participan en She Is escribirán el futuro. Algunas liderarán empresas tecnológicas innovadoras en sus regiones. Otras dirigirán investigaciones científicas de relevancia internacional. Varias ocuparán cargos políticos de decisión estratégica.
Los círculos viciosos de violencia se transforman en espirales virtuosas. Las hijas de las primeras beneficiarias crecen con referentes diferentes. Ven a sus madres como emprendedoras y profesionales capaces. Esta transmisión generacional multiplica el impacto sostenidamente.
La autonomía financiera genera efectos en cascada evidentes. Las mujeres con ingresos propios toman mejores decisiones sobre sus vidas. Educan mejor a sus hijos e hijas. Invierten en salud, vivienda y educación familiar.
Además, participan más activamente en sus comunidades locales. Exigen servicios públicos de calidad a las autoridades. Defienden sus derechos y los de otras mujeres. Se convierten en agentes de cambio social concreto.
She Is no trabaja sola en este proceso transformador. Colabora con redes de mujeres existentes en los territorios. Fortalece organizaciones comunitarias de base amplia. Construye puentes entre sectores tradicionalmente desconectados entre sí.
La academia aporta investigación y formación especializada continua. El sector privado ofrece recursos financieros y oportunidades laborales. Las ONG contribuyen con experiencia en trabajo comunitario territorial. Los gobiernos, cuando se comprometen, facilitan escalabilidad y sostenibilidad.
Esta articulación intersectorial es clave para el éxito sostenido. Ningún actor puede cerrar brechas de género aisladamente. La colaboración estratégica potencia las capacidades de cada participante. Los resultados superan la suma de esfuerzos individuales.
“Lo que empezó como un proceso en Cajicá, en un futuro será el motor de cambio para saldar una deuda con las mujeres y ofrecer un futuro distinto a las niñas”, concluye. Las palabras de Martínez resumen una década de aprendizajes. También proyectan una visión ambiciosa pero alcanzable del porvenir.
La deuda histórica con las mujeres colombianas es inmensa. Siglos de exclusión, violencia y discriminación pesan gravemente. Sin embargo, She Is demuestra que saldarla es posible. Requiere voluntad política, recursos adecuados y estrategias bien diseñadas.
El futuro de las niñas no está predeterminado por su origen. Tampoco por las limitaciones de sus contextos inmediatos. Con acompañamiento adecuado, cualquier sueño puede convertirse en realidad. Esta premisa guía cada acción de la fundación diariamente.
Las próximas décadas mostrarán el verdadero alcance de She Is. Las niñas que hoy reciben becas serán profesionales destacadas. Las jóvenes que visitan centros espaciales liderarán misiones científicas. Las adolescentes que aprenden emprendimiento crearán empresas innovadoras.
Este círculo virtuoso apenas comienza a desplegarse plenamente. Los primeros resultados son prometedores y documentados rigurosamente. No obstante, el impacto más profundo se medirá generacionalmente. Cuando las beneficiarias de hoy transformen el futuro colectivo.
She Is cumple diez años con logros tangibles y medibles. También con desafíos claros que requieren atención urgente. Pero sobre todo, con una visión transformadora del país. Una Colombia donde las niñas manejen las riendas de su historia. Donde el talento femenino encuentre oportunidades equivalentes a su potencial. Donde la igualdad de género sea realidad cotidiana, no aspiración lejana.