Seis de cada 10 ciberataques reportados en Colombia tienen como objetivo a hospitales y clínicas. Así lo revela un informe de Biofile. El documento toma como referencia una medición analizada del índice X-Force de IBM. La alerta cobra relevancia por el volumen de información sensible que maneja el sistema de salud.
El impacto de una interrupción tecnológica puede afectar directamente la atención de los pacientes. Por ello, las cifras resultan preocupantes para el sector sanitario colombiano. Además, el contexto digital actual aumenta la vulnerabilidad de las instituciones médicas.
Un ataque informático contra una institución de salud no necesariamente debe borrar una historia clínica. Basta con impedir que un médico acceda a tiempo a información crítica. Una alergia, un medicamento o un antecedente pueden marcar la diferencia en un tratamiento. También un resultado clínico puede ser determinante para salvar una vida.
Estas interrupciones afectan la prestación de un servicio o retrasan un procedimiento. En consecuencia, los pacientes quedan expuestos a riesgos evitables. La dependencia tecnológica se convierte así en un arma de doble filo.
La dimensión del fenómeno también se refleja en las cifras oficiales. Solo en marzo de 2026, la Superintendencia Nacional de Salud reportó más de 23 millones de intentos de ataque. Estos ataques ocurrieron en un solo mes. Esa información estaba asociada a peticiones, quejas, reclamos y denuncias que contenían datos personales o sensibles.
El informe de Biofile advierte que Colombia cuenta con más de 51 millones de afiliados al sistema de salud. Esta cifra permite dimensionar la cantidad de información que circula entre diferentes entidades. EPS, IPS y laboratorios clínicos manejan datos constantemente. También los operadores tecnológicos y distintas plataformas procesan información sensible a diario.
El documento aclara que esa cifra no significa que las historias clínicas de los más de 51 millones de afiliados hayan sido comprometidas. Sin embargo, el dato sirve para mostrar el tamaño del universo de información sensible. Esta información puede quedar expuesta cuando se presentan fallas de seguridad. Los accesos no autorizados dentro del ecosistema digital de salud representan una amenaza constante.
La presión sobre el sector también se evidencia en los ataques de ransomware. Durante el primer semestre de 2026 se registraron 410 ataques y reivindicaciones. Estos ataques afectaron a prestadores y empresas de salud en Colombia. La cifra representa un aumento del 14 % frente al semestre anterior.
El número equivale a un promedio de 2,3 incidentes diarios. De ese total, 247 afectaron hospitales, clínicas y otros prestadores directos. Por tanto, las instituciones de atención primaria son las más vulnerables. Además, estos ataques comprometen la operación diaria de los centros médicos.
Dorian Rallón, CEO de Biofile, señaló que la dependencia creciente de las plataformas tecnológicas eleva el impacto de cualquier interrupción. “Cuanto más depende una institución de sus plataformas para formular, remitir, entregar medicamentos, consultar antecedentes o programar procedimientos, mayor es el impacto de una interrupción”, sostuvo.
El directivo agregó que el intercambio de información entre sistemas aumenta constantemente. A medida que esto ocurre, cobra mayor importancia controlar los accesos y las descargas. Las instituciones deben implementar protocolos más estrictos de seguridad. De lo contrario, quedan expuestas a vulnerabilidades cada vez mayores.
Para las instituciones de salud, el informe plantea medidas concretas de protección. Los respaldos probados constituyen la primera línea de defensa. Asimismo, los accesos restringidos limitan la exposición de información sensible. El monitoreo de comportamientos anómalos permite detectar amenazas tempranamente.
Los planes de contingencia entrenados resultan fundamentales ante cualquier eventualidad. Las instituciones deben practicar regularmente estos protocolos. Solo así pueden responder eficazmente cuando ocurre un incidente real. La preparación marca la diferencia entre una crisis contenida y un colapso operativo.
“No debería ser necesario escoger entre velocidad y privacidad: en salud se necesitan ambas”, afirmó Rallón. Esta declaración resume el dilema que enfrentan las instituciones médicas. Por un lado, necesitan agilidad para atender emergencias. Por otro, deben proteger información confidencial de millones de pacientes.
El informe concluye que uno de los principales indicadores para una institución no es únicamente cuántos sistemas tecnológicos tiene disponibles. Más bien, lo crucial es cuánto tiempo puede mantener la atención cuando alguno deja de funcionar. Esta capacidad de resiliencia define la verdadera fortaleza de una institución sanitaria.
En ese escenario, la protección de los datos también está directamente relacionada con la continuidad de las decisiones clínicas. Estas decisiones dependen de esa información para ser efectivas. Un médico sin acceso a antecedentes trabaja prácticamente a ciegas. Igualmente, una enfermera sin historial de medicamentos puede cometer errores fatales.
La creciente dependencia digital eleva el riesgo operativo en salud. Las instituciones colombianas enfrentan un desafío sin precedentes. Deben modernizarse tecnológicamente sin comprometer la seguridad de sus pacientes. Al mismo tiempo, necesitan mantener servicios ininterrumpidos las 24 horas del día.
Los hospitales y clínicas se han convertido en blancos prioritarios para los ciberdelincuentes. La información médica tiene alto valor en el mercado negro. Además, las instituciones suelen pagar rescates para recuperar acceso a sistemas críticos. Esta combinación las convierte en objetivos lucrativos para grupos criminales organizados.
El ecosistema digital de salud en Colombia requiere una transformación urgente en materia de seguridad. Las amenazas evolucionan constantemente y se vuelven más sofisticadas. Mientras tanto, muchas instituciones operan con infraestructuras tecnológicas obsoletas. Esta brecha representa un riesgo creciente para millones de colombianos.
La inversión en ciberseguridad debe considerarse prioritaria en el sector salud. No se trata únicamente de proteger datos. Se trata de garantizar que los pacientes reciban atención oportuna y segura. La vida de las personas depende cada vez más de la integridad de estos sistemas digitales.