El salario semanal promedio de tiempo completo en Estados Unidos llegó a USD 1.250 en la primera mitad de 2026. Esta cifra representa un incremento del 38% respecto a 2019. Sin embargo, la inflación absorbió cerca del 80% de esa suba. La mejora real fue de unos USD 70 por semana, según un análisis de CBS News basado en datos del censo.

Esa diferencia explicó por qué millones de hogares atravesaron las administraciones de Trump, Biden y el segundo mandato de Trump con la sensación de que los aumentos salariales no alteraban el presupuesto familiar. Aunque los ingresos crecieron más rápido que los precios desde 2019, la distancia entre ambas curvas fue mínima. De hecho, el aumento nominal registrado fue de USD 342 semanales desde el año previo a la pandemia.

En junio de 2022, la inflación alcanzó su punto máximo. El aumento interanual llegó a 9%, el mayor desde 1981. Ese salto llevó a que, en ese año, los incrementos salariales casi quedaran completamente anulados por el encarecimiento del costo de vida. Los precios al consumidor subieron 30% en esos mismos siete años. Eso redujo de forma drástica el efecto del incremento nominal.

Visto en el presupuesto de una familia típica, los USD 70 adicionales por semana representaron una mejora limitada. Aproximadamente, esa cantidad equivale a lo que costó llenar el tanque de gasolina de un vehículo deportivo utilitario. Además, representa menos de un tercio de la compra semanal de una familia de cuatro personas que intentó gastar menos.

La publicación también encontró que las mejoras no se repartieron de manera uniforme entre los trabajadores. Entre las ocupaciones que pudo medir con fiabilidad, cerca de la mitad superó la inflación. Alrededor de una cuarta parte se mantuvo sin cambios reales. La otra cuarta parte perdió terreno, aun con salarios nominales en alza.

La distribución por niveles de ingreso también contradijo una expectativa habitual. Cuanto más alto era el salario, menor fue el aumento real. El 10% de los trabajadores con menores ingresos obtuvo una mejora de 9,4% después de la inflación. Por su parte, el trabajador promedio logró un 5,9%. En contraste, solo 2,6% fue el incremento para el 25% mejor pago.

Dos profesiones frecuentes mostraron la amplitud de esa brecha. Los enfermeros titulados y los policías ganaron alrededor de USD 80.000 al año. No obstante, en este período el salario de los policías creció casi 10% en términos reales. Mientras tanto, el de los enfermeros prácticamente no cambió al descontar la inflación.

Parte de los mayores avances apareció en ocupaciones tradicionalmente peor remuneradas. Los auxiliares de enfermería y de atención domiciliaria superaron la inflación en más de 10% durante esos siete años. Igualmente, los cuidadores de niños lograron el mismo resultado. Los camareros también experimentaron incrementos superiores al 10%.

En el caso de los camareros, el medio señaló una razón concreta. Las propinas suelen ser un porcentaje de la cuenta. Cuando subieron los precios de los menús, esas propinas tendieron a subir también. Este mecanismo les permitió mantener su poder adquisitivo de manera más efectiva.

El recorrido fue distinto para los docentes. Los salarios de los maestros de primaria y secundaria cayeron alrededor de 5% tras ajustar por inflación. Por otro lado, los de los profesores de bachillerato retrocedieron un poco más. Esta pérdida afectó a un sector tradicionalmente considerado estable.

Los carteros también perdieron cerca de 10% de su poder adquisitivo. En enero de 2025, rechazaron por más de dos a uno un contrato nacional provisional. Específicamente, hubo 63.680 votos en contra y 26.304 a favor, según la Asociación Nacional de Carteros (NALC, por sus siglas en inglés). Este fue el primer rechazo de su sindicato desde 1978.

El rechazo se produjo después de que se les ofrecieran aumentos salariales base de aproximadamente 1,3% al año. Las negociaciones derivaron en arbitraje vinculante. Finalmente, este impuso en lo esencial el mismo contrato que los trabajadores habían rechazado. La decisión generó malestar entre los empleados postales.

Aun así, el saldo histórico fue mejor que en la mayoría de los períodos comparables desde 1979. Ajustado por inflación, el salario del trabajador promedio subió 5,9% entre 2019 y 2026. En comparación, había caído 3,6% en la década posterior a 1979. Durante la década de 1990, apenas había avanzado 0,3%.

El panorama reciente, sin embargo, mostró señales de deterioro. Según el Índice de Costos de Empleo que publica la Oficina de Estadísticas Laborales de Estados Unidos (BLS, por sus siglas en inglés), los salarios nominales de los trabajadores privados crecieron 3,1% en los doce meses hasta junio de 2026. Pero los salarios reales —ajustados por inflación— cayeron 0,4% en ese mismo período.

Para el trabajador promedio por hora, la ganancia real entre junio de 2025 y junio de 2026 fue de apenas 0,1%, según la misma fuente. La inflación cerró mayo de 2026 en 4,2% interanual. Este incremento fue impulsado en parte por los precios de la energía. Además, siguió recortando márgenes que el análisis de CBS News tardó siete años en acumular.

Los datos revelan una paradoja económica fundamental. Los trabajadores estadounidenses experimentaron los mayores aumentos salariales nominales en cuatro décadas. Sin embargo, la inflación neutralizó casi por completo estos incrementos. El resultado fue una mejora real mínima para la mayoría de los hogares.

Esta situación explica la percepción generalizada de estancamiento económico entre las familias trabajadoras. A pesar de recibir aumentos salariales año tras año, muchos hogares no percibieron mejoras sustanciales en su nivel de vida. Por el contrario, algunos sectores experimentaron retrocesos en su capacidad adquisitiva.

La experiencia de los últimos siete años ilustra cómo la inflación puede erosionar rápidamente las ganancias salariales. Especialmente durante 2022, cuando los precios aumentaron a su ritmo más acelerado en décadas, los trabajadores vieron evaporarse sus incrementos salariales. Esta dinámica afectó de manera diferenciada a distintos sectores de la economía.

Los trabajadores de menores ingresos, paradójicamente, lograron las mayores ganancias reales. Este fenómeno se debió en parte a incrementos en el salario mínimo en varios estados. También influyó la escasez de mano de obra en sectores de servicios. Estas presiones obligaron a los empleadores a elevar los salarios para atraer trabajadores.

En contraste, los profesionales mejor remunerados vieron incrementos más modestos. Esta inversión de la tendencia histórica sugiere un cambio en la dinámica del mercado laboral. No obstante, estos trabajadores partían de una base salarial más alta. Por tanto, sus incrementos absolutos siguieron siendo significativos.

El sector educativo enfrentó desafíos particulares. Los maestros y profesores experimentaron pérdidas reales de poder adquisitivo. Esta situación ocurrió a pesar de la creciente demanda de educación. Además, muchos distritos escolares enfrentaron restricciones presupuestarias que limitaron su capacidad para aumentar salarios.

El caso de los carteros ilustra las tensiones laborales generadas por esta dinámica. Su rechazo masivo del contrato propuesto reflejó la frustración acumulada. Los trabajadores percibieron que los aumentos ofrecidos no compensaban la pérdida de poder adquisitivo. Sin embargo, el arbitraje vinculante impuso finalmente condiciones similares a las rechazadas.

La evolución reciente sugiere que las presiones inflacionarias persisten. Los datos de 2026 muestran que la inflación continúa superando o igualando el crecimiento salarial. Esta tendencia amenaza con revertir las modestas ganancias acumuladas en años anteriores. Particularmente preocupante resulta el impacto de los precios energéticos.

El análisis de CBS News revela que incluso períodos de crecimiento salarial robusto pueden resultar insuficientes. Cuando la inflación se acelera, los trabajadores enfrentan una carrera constante para mantener su nivel de vida. Los USD 70 adicionales semanales acumulados en siete años representan una ganancia modesta. Esta cantidad apenas cubre gastos básicos que también han aumentado.

La distribución desigual de las ganancias salariales plantea interrogantes sobre la equidad económica. Mientras algunos sectores lograron avances significativos, otros retrocedieron. Esta divergencia sugiere que la experiencia económica de los trabajadores varía enormemente. Depende del sector, la ocupación y el nivel salarial inicial.

Los camareros se beneficiaron de un mecanismo automático de ajuste. Sus propinas, calculadas como porcentaje de las cuentas, aumentaron junto con los precios de los menús. Este sistema les proporcionó cierta protección contra la inflación. Sin embargo, no todos los trabajadores cuentan con mecanismos similares de ajuste automático.

La situación de los auxiliares de enfermería y cuidadores merece atención especial. Estos trabajadores, tradicionalmente entre los peor pagados, lograron ganancias superiores al 10%. Este avance refleja tanto la creciente demanda de sus servicios como la escasez de trabajadores. También indica un reconocimiento tardío del valor de su trabajo.

La experiencia histórica proporciona contexto importante. Comparado con las décadas de 1980 y 1990, el período 2019-2026 fue relativamente favorable. Los trabajadores evitaron las pérdidas reales experimentadas en períodos anteriores. No obstante, las ganancias fueron modestas en términos absolutos.

Las señales de deterioro en 2025 y 2026 generan preocupación. La caída de 0,4% en salarios reales en los doce meses hasta junio de 2026 sugiere una reversión. Si esta tendencia continúa, podría eliminarse completamente la modesta mejora acumulada. Los trabajadores volverían efectivamente al punto de partida de 2019.

La inflación del 4,2% registrada en mayo de 2026 supera cómodamente el crecimiento salarial. Esta brecha erosiona continuamente el poder adquisitivo. Los precios de la energía, en particular, ejercen presión sobre los presupuestos familiares. Estos costos afectan tanto directamente, en combustible y electricidad, como indirectamente, en productos transportados.

El análisis subraya la importancia de considerar los salarios reales, no solo los nominales. Un aumento del 38% suena impresionante. Sin embargo, cuando se ajusta por inflación, la realidad es mucho menos favorable. Esta distinción es crucial para comprender la experiencia económica real de los trabajadores.

Los datos también revelan que el crecimiento salarial promedio oculta variaciones significativas. Aproximadamente la mitad de las ocupaciones medibles superó la inflación. Pero la otra mitad no logró mantener el ritmo o perdió terreno. Esta diversidad de experiencias complica la formulación de políticas económicas efectivas.

La brecha entre las expectativas y la realidad económica genera consecuencias políticas. Los trabajadores que reciben aumentos nominales esperan mejoras en su nivel de vida. Cuando la inflación neutraliza estos aumentos, surge frustración. Esta dinámica ayuda a explicar el descontento económico que atravesó múltiples administraciones.

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