La nueva guerra silenciosa: menores reclutados como saboteadores en el conflicto ruso-ucraniano

En una mañana de mayo de 2023, tres adolescentes rusos se infiltraron en una fábrica de aviones en Novosibirsk, Rusia. Su misión parecía simple: incendiar un bombardero supersónico Su-24.

La promesa de un millón de rublos, aproximadamente 12.500 dólares, los había llevado hasta allí. Sin embargo, al encontrarse frente al imponente avión de guerra, el miedo los invadió.

Pavel Solovyov, de 17 años, y sus amigos optaron por una solución menos arriesgada: quemar la hierba circundante y filmar el acto para aparentar que el avión ardía. Esta decisión no los salvó de las consecuencias.

En menos de una semana, las autoridades los detuvieron. Solovyov ahora cumple una condena de ocho años en una colonia penal por sabotaje. Sus sueños de abrir un taller mecánico se desvanecieron entre los muros de la prisión.

Este incidente revela una nueva y perturbadora dimensión del conflicto entre Rusia y Ucrania: el reclutamiento sistemático de menores como saboteadores. Los servicios de inteligencia de ambos países han encontrado en los jóvenes un recurso económico y accesible.

Las tácticas de reclutamiento varían desde ofertas engañosas en redes sociales hasta métodos más siniestros como el chantaje. Los reclutadores se presentan en Telegram, WhatsApp o chats de videojuegos, ofreciendo dinero rápido.

Algunos operativos disfrazan sus misiones como “juegos de geolocalización”, similares a Pokémon Go, pidiendo fotografías geolocalizadas de objetivos específicos. En casos más oscuros, utilizan el chantaje con material comprometedor.

Las estadísticas son alarmantes. Desde la primavera de 2024, Ucrania ha arrestado aproximadamente 175 menores involucrados en espionaje y sabotaje dirigido por Rusia. El más joven tiene apenas 12 años.

En Rusia, aunque las cifras oficiales no se divulgan, activistas de derechos humanos documentan al menos 100 casos similares. Los centros de detención juvenil han quintuplicado su población durante la guerra.

Las consecuencias para estos jóvenes son devastadoras. Yaroslav Kuligin, de 18 años, sufrió torturas con pistolas eléctricas hasta confesar su supuesta colaboración con Ucrania, algo que desconocía completamente.

Los reclutadores rusos han llegado incluso a eliminar a sus propios agentes juveniles. En Ivano-Frankivsk, dos adolescentes intentaron sabotear una vía férrea. Uno murió y otro perdió las piernas cuando sus supervisores detonaron explosivos remotamente.

Las operaciones ucranianas también son extensas. Se han reportado sabotajes desde San Petersburgo hasta Irkutsk, incluyendo incendios de vehículos policiales, centros militares y equipamiento bélico.

Un exreclutador ucraniano expresó su remordimiento por participar en estas operaciones. “Hacemos que los jóvenes realicen acciones que nosotros mismos no nos atreveríamos a hacer”, confesó durante una entrevista.

Esta guerra subterránea ha dejado un rastro de juventudes destruidas en ambos bandos. Cientos de adolescentes enfrentan largas condenas en prisión o tratamientos psiquiátricos forzados, mientras sus familias observan impotentes la destrucción de sus futuros.

Los métodos de reclutamiento continúan evolucionando. Se han encontrado códigos QR en baños escolares de pueblos rusos, leading a contactos con reclutadores ucranianos. Las redes sociales se han convertido en campos de batalla donde la inocencia juvenil es la principal víctima.

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