El 26 de enero de 2026 marcó un antes y un después. Ese día, Podemos y el PSOE anunciaron un acuerdo histórico. Ambos partidos pactaron aprobar una regularización extraordinaria de migrantes. La medida se implementará mediante real decreto. Podría beneficiar a más de medio millón de personas.
La noticia resonó con fuerza especial en Augustin Ndour Ndong. Este activista senegalés de 56 años vive en España desde hace más de dos décadas. Conoce de primera mano el significado profundo de esta decisión. Además, fue uno de los impulsores de la iniciativa legislativa popular (ILP) sobre regularización. Aquella propuesta llegó al Congreso en 2024 respaldada por más de 700.000 firmas. Sin embargo, quedó bloqueada por falta de consenso político.
“Es una alegría muy grande después de tantos años de lucha y de reivindicación”, afirma Ndour Ndong. El activista valora especialmente el carácter amplio del real decreto. No obstante, mantiene cierta cautela ante el futuro. “Vamos a hacer un seguimiento de cerca”, advierte. También subraya la necesidad de seguir presionando para su cumplimiento efectivo. Reconoce que siempre habrá voces opuestas a estos procesos.
La regularización no constituye una medida inédita en la democracia española. Sin embargo, cobra un significado especial en el contexto actual. Europa experimenta un crecimiento de los discursos de odio. La hostilidad política hacia la migración aumenta en el continente. Por ello, esta decisión representa un gesto contracorriente.
Ndour Ndong conoce mejor que nadie el impacto de estas medidas. Él mismo se acogió a una regularización en el año 2000. Entonces gobernaba el Partido Popular liderado por José María Aznar. Aquella experiencia transformó por completo su vida. Le permitió dejar atrás la incertidumbre que define la existencia irregular.
“Cuando tu situación se regulariza es una liberación tremenda”, explica. La documentación en regla cambia radicalmente las condiciones de vida. Sin papeles, todo resulta más precario y los derechos se reducen drásticamente. El miedo constante acompaña cada día a quienes carecen de estatus legal. Temen ser identificados por la policía. También enfrentan el riesgo permanente de deportación.
La regularización permite trabajar y residir legalmente en el país. Los beneficiarios pueden firmar contratos de alquiler con normalidad. Ya no dependen de acuerdos informales para conseguir vivienda. Además, acceden a empleos con mejores condiciones laborales. La tranquilidad emocional también mejora significativamente. Pueden reencontrarse con sus familias sin temor.
Para Ndour Ndong, lo más difícil durante su situación irregular fue la separación familiar. No podía volver a Senegal para ver a sus seres queridos. Ni siquiera en momentos cruciales como bodas o fallecimientos. “Mucha gente no se imagina ese sufrimiento que llevan dentro quienes no tienen papeles”, reflexiona. El dolor de la distancia forzada marca profundamente a las personas migrantes.
Su trayectoria hasta España siguió un camino poco común. Primero obtuvo un visado para estudiar en Portugal durante dos años. Después se trasladó a territorio español. Desde hace varios años reside en Granada. Allí ha construido su vida y su activismo.
La carrera de Ndour Ndong también ha sido inusual. En 2019 dio un paso audaz al presentarse como candidato. Encabezó el partido Por un Mundo más Justo. Esta formación minoritaria busca fomentar la convivencia entre comunidades. Tras 20 años de activismo por los derechos de los migrantes, decidió entrar en política. Su objetivo era abrir nuevos referentes para la comunidad migrante. También quería visibilizar su presencia en espacios donde aún son minoría.
El acuerdo alcanzado entre Podemos y el PSOE recoge el espíritu de la ILP bloqueada. La nueva regularización retoma las demandas de miles de activistas y organizaciones sociales. Durante años, estos colectivos han trabajado incansablemente por esta causa. Han organizado manifestaciones, recogido firmas y presionado a los partidos políticos.
La medida enfrenta una fuerte oposición política. El Partido Popular y Vox se han posicionado en contra. Ambas formaciones critican duramente la iniciativa del Gobierno. Argumentan diversos motivos para su rechazo. Esta polarización refleja el debate más amplio sobre inmigración en Europa.
Sin embargo, para los beneficiarios potenciales, las consideraciones políticas quedan en segundo plano. Lo importante es la oportunidad de salir de la sombra. De poder vivir sin el miedo que paraliza. De acceder a derechos fundamentales que otros dan por sentados.
Ndour Ndong confía en que esta regularización extraordinaria cambie muchas vidas. Espera que permita a miles de personas dejar atrás la precariedad. También desea que les ofrezca una oportunidad real de futuro. Un futuro construido en igualdad de condiciones con el resto de la sociedad.
El activista senegalés sabe que el camino no termina aquí. La aprobación del real decreto es solo el primer paso. Después vendrá la implementación práctica de la medida. Habrá que garantizar que los procesos administrativos funcionen correctamente. También será necesario que la información llegue a todas las personas potencialmente beneficiarias.
Por eso, Ndour Ndong y otros activistas mantendrán su vigilancia. Seguirán presionando para que las promesas se conviertan en realidad. Monitorizarán el desarrollo del proceso de regularización. Denunciarán cualquier obstáculo o retraso injustificado. Su experiencia les ha enseñado que nada se consigue sin lucha constante.
La fecha del 26 de enero de 2026 quedará grabada en su memoria. Pero también en la memoria colectiva de miles de personas migrantes. Representa un momento de esperanza en tiempos difíciles. Simboliza la posibilidad de que las sociedades europeas elijan la inclusión. De que opten por reconocer la dignidad de todas las personas.
“Mucha gente no se imagina el sufrimiento”, repite Ndour Ndong. Sus palabras buscan generar empatía en la sociedad española. Pretenden hacer visible una realidad que muchos prefieren ignorar. El sufrimiento de vivir en las sombras. De existir sin derechos plenos. De cargar con el miedo permanente a la expulsión.
Esta regularización extraordinaria ofrece una salida a esa situación. Representa el fin del miedo para más de medio millón de personas. Les permite comenzar a construir una vida con dignidad. Una vida donde puedan desarrollar plenamente su potencial como miembros de la sociedad.