Un padre y su hijo emprenden una misión única: doblar “El Rey León” al quechua. Esta iniciativa se convierte en el centro del documental “Runa Simi”, dirigido por Augusto Zegarra.

Fernando Valencia y su hijo Dylan, originarios de Cusco, son los protagonistas de esta historia de resistencia cultural. Desde un modesto estudio casero, trabajan incansablemente para traducir el clásico de Disney.

El proyecto comenzó cuando Zegarra descubrió los “Quechua Clips” de Fernando en YouTube. Entre ellos encontró una versión de “Hakuna Matata” transformada en “Hakuchu Munayta”, captando inmediatamente su atención.

La película trasciende el simple acto de doblar una película infantil. Representa una lucha por preservar el runa simi, “el idioma de la gente”, hablado por más de 10 millones de personas en Sudamérica.

El documental expone una realidad preocupante: existe una brecha generacional en el uso del quechua. Mientras las personas mayores mantienen vivo el idioma, las nuevas generaciones lo están perdiendo progresivamente.

Fernando Valencia señala que la discriminación no es hacia el idioma sino hacia sus hablantes. “Si vivieran aquí, sería un idioma posicionado”, reflexiona mientras observa los edificios modernos de Lima.

El quechua encierra una filosofía de vida opuesta al individualismo moderno. Por ejemplo, el saludo “Allinllachu” significa “¿está todo bien?”, reflejando una preocupación genuina por el bienestar colectivo.

“Runa Simi” ha cosechado importantes reconocimientos internacionales. Ganó el premio Albert Maysles en Tribeca y el premio del Jurado Joven en Sheffield Doc Fest, demostrando que su mensaje resuena globalmente.

La película ha tocado fibras sensibles más allá de Perú. Un espectador irlandés se conmovió al ver reflejada la lucha por preservar su propio idioma ancestral.

Dylan, quien interpreta al joven Simba, admite no dominar completamente el quechua. Curiosamente, fue elegido porque otros niños quechuahablantes sintieron vergüenza de participar, revelando los prejuicios existentes.

El proyecto comenzó como un humilde intento de “dar alegría a los niños”, pero se transformó en un poderoso acto de resistencia cultural. Representa la determinación de una comunidad por mantener viva su lengua.

La película plantea el dilema entre progreso e identidad cultural. Dylan reflexiona sobre el temor a perderse entre estas dos realidades, agradeciendo al quechua por mantenerlo conectado con sus raíces.

Los realizadores ven en “Runa Simi” un punto de partida para conversaciones más amplias sobre identidad, lengua y resistencia cultural. El documental demuestra que la preservación lingüística es una forma de resistencia pacífica.

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