Dalloul Ahmad - @DALLOULALNEDER Twitter
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En el corazón de Buenos Aires, un grupo de jóvenes judíos ha decidido desafiar las normas establecidas dentro de su comunidad. Luciana Alter e Iván Zeta, líderes del movimiento “JudíesxPalestina”, han compartido las dificultades que enfrentan al identificarse como judíos antisionistas en Argentina, un país con una de las comunidades judías más grandes del mundo. Este grupo se opone a las acciones del Estado de Israel, especialmente en el contexto de la ofensiva en Gaza tras los ataques de Hamás el 7 de octubre de 2023. Su postura ha tenido un costo personal significativo, afectando incluso sus relaciones familiares.

El movimiento “JudíesxPalestina” surgió en mayo de 2021, durante los bombardeos en Cisjordania. Un grupo de jóvenes, algunos más activos que otros dentro de la comunidad judía, se unieron para expresar su oposición a los ataques. Crearon una cuenta de Instagram y compartieron fotos con el mensaje “soy judío y me opongo al bombardeo”. Sin embargo, la atención mediática disminuyó rápidamente tras el alto el fuego, y el tema quedó relegado.

El conflicto entre Israel y Palestina es cíclico, con picos de atención mediática. Sin embargo, el ataque de Hamás en octubre de 2023 marcó un punto de inflexión. El grupo decidió reactivar su comunicación y emitir una declaración. Rápidamente, recibieron mensajes de personas interesadas en unirse, tanto de Buenos Aires como de otras provincias argentinas como Santa Fe, Rosario, Tucumán y Mendoza. Este interés renovado demostró que el movimiento no comenzó el 7 de octubre, sino que ya existía una base de apoyo.

El grupo “JudíesxPalestina” está compuesto principalmente por personas de la comunidad judía, aunque también hay algunos miembros no judíos. Su lema, “no en nuestro nombre”, busca denunciar la instrumentalización del Holocausto por parte de Israel. Sin embargo, enfrentan acusaciones de ser “falsos judíos” o de odiarse a sí mismos, una experiencia similar a la de judíos antisionistas en Estados Unidos.

El movimiento ha crecido no solo por su postura abierta, sino también por las acusaciones de antisemitismo que enfrentan. Estas acusaciones son más pesadas para quienes no son judíos, lo que ha llevado a que el grupo se convierta en un espacio seguro para el activismo. La identificación artificial entre Israel y la población judía ha llevado a que muchas personas teman ser acusadas de antisemitas. Por eso, el grupo enfatiza que “sionismo no es judaísmo”.

El sionismo, una ideología previa a la Segunda Guerra Mundial, ha sido históricamente minoritaria dentro de la comunidad judía. Sin embargo, tras el Holocausto, ganó fuerza con la idea de que los judíos necesitaban un estado propio para estar seguros. Esta idea, según el grupo, es funcional al antisemitismo que denuncia. Israel, argumentan, es el lugar más inseguro para los judíos, y la identificación entre ser judío y ser israelí es una construcción sionista.

El grupo enfrenta desafíos internos, como la recuperación de una identidad judía separada del sionismo. Algunos miembros provienen de familias antisionistas, mientras que otros tienen familiares que los repudian. Algunos participan bajo seudónimos por miedo a ser identificados por sus familias. El debate dentro de la comunidad judía es difícil y a menudo virulento.

Las críticas al Estado de Israel, especialmente en relación con su fundación y su representatividad, son recibidas con ataques y acusaciones de no ser judíos. Esta presión ha llevado a que muchos terminen creyendo que apoyar a Israel es un requisito para ser judío. Sin embargo, el grupo trabaja para desmantelar estos prejuicios, enfatizando que el sionismo no es sinónimo de judaísmo.

El grupo también critica el tratamiento mediático del conflicto, especialmente en relación con el acuerdo de alto el fuego e intercambio de rehenes. Los medios, argumentan, presentan a los rehenes israelíes como víctimas, mientras que ignoran las historias de los rehenes palestinos, muchos de los cuales han sido detenidos sin condenas o con condenas de cortes militares, lo cual es un delito internacional.

A pesar de las dificultades, el grupo considera que el alto el fuego es un triunfo parcial. No solo detiene temporalmente la destrucción de Gaza, sino que también expone que el acuerdo estaba disponible desde mayo y que Israel dilató la situación para continuar con su ofensiva. Esto, según el grupo, demuestra un fracaso en el intento de aniquilar la resistencia palestina.

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