Tras dos años de devastador conflicto, delegados de Hamas, Israel y Estados Unidos se reúnen esta semana en Egipto para analizar una propuesta de alto el fuego presentada por el presidente Donald Trump.
Thomas L. Friedman, columnista especializado en asuntos internacionales de The New York Times, la denomina “la Peor Guerra” entre israelíes y palestinos hasta la fecha. A diferencia de conflictos anteriores como la Guerra de Independencia o la Guerra de los Seis Días, este enfrentamiento aún carece de nombre oficial.
El ataque inicial de Hamas en 2023 se caracterizó por una brutalidad sin precedentes contra soldados y civiles israelíes. En respuesta, Israel lanzó una ofensiva que ha dejado Gaza en ruinas, con decenas de miles de víctimas palestinas.
La nueva iniciativa de Trump propone un complejo plan de paz que incluye varios elementos clave. Entre ellos destaca la liberación de todos los rehenes israelíes, tanto vivos como fallecidos, y la excarcelación de cientos de prisioneros palestinos.
Además, contempla la retirada gradual de las fuerzas israelíes de Gaza hacia zonas fronterizas. Este movimiento permitiría el despliegue de una fuerza internacional de paz para asegurar las áreas evacuadas.
El plan también prevé la instalación de un gabinete tecnocrático palestino para administrar Gaza. Por encima de este, se establecería un organismo internacional presidido por Trump para supervisar la reconstrucción del territorio.
Sin embargo, existen importantes obstáculos para alcanzar un acuerdo. Hamas insiste en mantener cierta capacidad armada para proteger a su población. Por su parte, Israel muestra cautela respecto al alcance de su retirada y los acuerdos de seguridad posteriores.
Un factor significativo que ha facilitado estas conversaciones es el debilitamiento de la red de amenazas iraníes tras la llamada “Guerra de los 12 Días”. Esta incluía a Hezbollah, Hamas, los hutíes y las milicias chiitas en Irak.
El primer ministro israelí Benjamin Netanyahu se encuentra en una posición diplomática compleja. A diferencia de ocasiones anteriores, no puede utilizar su influencia sobre los republicanos estadounidenses para neutralizar la presión de la Casa Blanca, ya que Trump controla firmemente su partido.
El panorama también ha cambiado en el mundo árabe. El liderazgo se ha desplazado desde repúblicas tradicionales como Egipto y Siria hacia las monarquías del Golfo, especialmente Arabia Saudita y Emiratos Árabes Unidos, que muestran mayor disposición hacia una solución negociada.
La población de Gaza, tras múltiples desplazamientos y pérdidas humanas, manifiesta un profundo agotamiento. Esta fatiga ejerce presión sobre Hamas, que ya no cuenta con un respaldo incondicional para prolongar el conflicto indefinidamente.
Netanyahu, quien anteriormente rechazó una propuesta similar presentada por el presidente Biden, ha logrado mantener su posición política dividiendo a la sociedad israelí. Entre otras medidas controvertidas, eximió a los ultraortodoxos del servicio militar para preservar su coalición gubernamental.
Friedman sugiere que la única solución viable requiere una supervisión internacional tanto en Gaza como en Cisjordania. Este enfoque garantizaría la seguridad israelí y permitiría el desarrollo de una autoridad palestina efectiva y no corrupta.