El reciente consejo de ministros reveló una preocupante realidad: el Gobierno Nacional no ha cumplido 146 de los 195 compromisos asumidos. En particular, el Ministerio de Defensa tiene un 65% de sus gestiones sin ejecutar. Esta situación refleja una falta de coordinación y efectividad en la implementación de políticas públicas, especialmente en áreas críticas como la seguridad y el control territorial.
El 12 de octubre de 2024, el Gobierno intentó recuperar el control del cañón del Micay, en el corregimiento de El Plateado, Cauca. Para ello, desplegó 1.277 soldados y 19 vehículos blindados. Sin embargo, casi cuatro meses después, el Ejecutivo admitió su fracaso en esta misión. Durante un tenso consejo de ministros, el ministro de Defensa, Iván Velásquez, reconoció que no es viable mantener una presencia indefinida en la región sin una estrategia gubernamental articulada. Según Velásquez, la falta de una decisión coordinada ha impedido la entrada efectiva al Plateado.
El presidente Gustavo Petro, en respuesta a las críticas, sugirió que cada ministerio actúe de manera independiente en sus competencias territoriales. Esta postura contrasta con la idea inicial de una “acción unificada del Gobierno”, planteada al inicio de la Operación Perseo. La falta de coordinación ha sido un obstáculo constante, como lo demuestran los intentos fallidos de articular esfuerzos entre diferentes entidades gubernamentales.
El Plateado es una región estratégica para las economías ilícitas, especialmente el cultivo de coca. Las disidencias del Estado Mayor Central, lideradas por alias Iván Mordisco, controlan esta área, conocida como el “cinturón cocalero del Cauca”. La intervención inicial dejó un saldo de 17 civiles muertos, 1.200 desplazados, un soldado muerto y nueve heridos. Además, se registraron 17 ataques con drones y seis hostigamientos.
A pesar de algunos logros en seguridad, como la destrucción de artefactos explosivos, los resultados de las inversiones en desarrollo no son evidentes. El Departamento Administrativo de la Presidencia de la República (Dapre) informó sobre el desembolso de recursos para 51 proyectos, pero los líderes locales no han visto mejoras significativas.
La violencia en la región se ha intensificado. Poco después del inicio de la Operación Perseo, una motocicleta bomba mató a un soldado. En enero, otro artefacto explosivo hirió a civiles y militares en Argelia. La muerte de alias El Mocho, un líder disidente, ocurrió cuando un vehículo cargado de explosivos explotó accidentalmente. Estos eventos subrayan la complejidad y el peligro de la situación en El Plateado.
La madrugada del 30 de enero, un carro bomba explotó en el casco urbano de El Plateado, hiriendo a seis personas y dañando 15 viviendas. Ese mismo día, enfrentamientos entre disidencias de las Farc y el Ejército Nacional agravaron la situación. Durante un censo de afectados por la explosión, las disidencias lanzaron explosivos con drones, matando a dos civiles.
El 3 de febrero, el Frente Manuel Vásquez Castaño del ELN activó un campo minado en Mercaderes, hiriendo a un suboficial y dos soldados. Estos incidentes reflejan la escalada de violencia y la insuficiencia de la estrategia gubernamental.
La situación en El Plateado es un microcosmos de los desafíos que enfrenta el Gobierno Nacional. La falta de coordinación y cumplimiento de compromisos ha debilitado la confianza en la institucionalidad. La violencia persistente y la presencia de grupos armados complican aún más la recuperación del control estatal. Es imperativo que el Gobierno reevalúe su enfoque y busque soluciones integrales y coordinadas para abordar estos problemas complejos.