El Aeropuerto Internacional El Dorado de Bogotá ha dado un paso significativo hacia la modernización y expansión con la reciente culminación de obras que añaden siete nuevas posiciones para aeronaves. Esta ampliación, que ha requerido una inversión de $110.000 millones, se traduce en más de 47.000 metros cuadrados adicionales de infraestructura. Sin embargo, la pregunta que surge es si estas medidas serán suficientes para resolver los cuellos de botella logísticos que enfrenta el aeropuerto en el corto plazo.
Entre enero y abril de 2025, Colombia experimentó un aumento del 3,4 % en el tráfico de pasajeros, movilizando a 18,2 millones de personas. El Dorado, como principal nodo de conexión con los aeropuertos regionales, juega un papel crucial en este crecimiento. La Agencia Nacional de Infraestructura (ANI) y el concesionario Opaín han sido los encargados de llevar a cabo esta expansión, que incluye una plataforma de concreto y luces de 22 metros de altura. Este avance llega en un momento en que el tráfico aéreo ha regresado a niveles prepandemia y la carga aérea se ha vuelto cada vez más estratégica.
A pesar de la ampliación, el desafío de gestionar el creciente tráfico aéreo persiste. El antiguo Puente Aéreo, ahora Terminal 2, moviliza unos 7.000 pasajeros diarios, mientras que el cuerpo principal del aeropuerto recibe a más de 100.000 personas cada día. Aunque la nueva infraestructura alivia ciertas cargas en superficie, el crecimiento del tráfico aéreo supera la velocidad de las obras. Además, la falta de implementación de nuevas tecnologías sigue siendo un obstáculo.
El Dorado se destaca como el aeropuerto más importante de América del Sur. Según Óscar Torres, presidente de la ANI, estas intervenciones son fundamentales para adaptarse a las dinámicas operativas actuales y lograr una atención eficiente y de alta calidad. En paralelo a la expansión de la plataforma, se han adecuado espacios clave en la Terminal 2, con nuevas salas de espera, áreas de abordaje y filtros de seguridad. Natali Leal, presidente de Opaín, enfatiza que no solo se trata de más espacio, sino de una optimización de la operación aérea diaria ante el creciente flujo de pasajeros.
Mauricio Vélez, gerente de infraestructura de Opaín, destaca que los tiempos de desplazamiento en buses se han reducido, mejorando la eficiencia para las aerolíneas y los operadores en tierra. Esto se traduce en una mejor experiencia para los pasajeros, quienes, después de un viaje largo, encontrarán condiciones más favorables.
A corto plazo, El Dorado enfrenta varios desafíos. En 2024, el aeropuerto no solo mantuvo su liderazgo, sino que lo amplió, movilizando 45,8 millones de pasajeros y 809.000 toneladas de carga. Esto representa un 10 % del total de pasajeros transportados en América Latina. Sin embargo, la infraestructura actual soporta solo 68 operaciones por hora, mientras que se registran 74. Esta intervención es un respiro, pero no una solución completa. Vélez de Opaín señala que, aunque no hay un nivel de saturación registrado, la demanda ha crecido más de lo esperado. La inteligencia artificial y nuevas tecnologías apoyan el desarrollo de la experiencia del usuario actual.
En términos de corto plazo, hay tres procesos activos. Primero, el incremento de siete nuevas posiciones de parqueo de aeronaves. Segundo, la reconfiguración del espacio de inmigración, con una inversión de $18.608 millones, que reducirá el tiempo de espera de dos horas a 20 minutos. Tercero, un proyecto en estudio que suma siete posiciones más en la plataforma cercana a la Armada, aún en diálogo con la Aerocivil.
A futuro, la mejora de El Dorado beneficiará el tráfico hacia otros aeropuertos. Sin embargo, para evitar perder protagonismo, se considera la construcción de una segunda terminal o la ampliación de la actual. Este plan está en curso con el proyecto Edmax El Dorado, una inversión de $9,7 billones para su expansión de 2028 a 2035, a cargo de Odinsa y Grupo Macquarie.
Cada metro cuadrado adicional en El Dorado es un paso hacia la modernización de la infraestructura de Bogotá, asegurando su competitividad frente a otras capitales de la región. La expansión no solo busca resolver problemas actuales, sino también preparar al aeropuerto para un futuro en el que el tráfico aéreo seguirá creciendo. La implementación de nuevas tecnologías y la optimización de procesos serán clave para enfrentar los desafíos que se avecinan.