El auge del mercado de motocicletas en Colombia trae consigo una preocupante realidad: el contrabando masivo de repuestos.

Durante el 2024, aproximadamente el 10% de las autopartes que ingresaron al país lo hicieron de manera ilegal. Esta cifra representa más de 260 millones de dólares en mercancía irregular, equivalente a 1,1 billones de pesos colombianos.

El panorama se torna más complejo al analizar el crecimiento exponencial del sector. En solo seis meses del año, el Registro Único Nacional de Tránsito (RUNT) reportó la matriculación de más de 450.000 motocicletas nuevas. Las proyecciones indican que, para finales de 2025, las ventas podrían superar el millón de unidades.

La concentración geográfica del parque automotor de dos ruedas muestra tres departamentos dominantes. Cundinamarca, Antioquia y Valle del Cauca aglutinan más del 45% de las motocicletas registradas en todo el territorio nacional. Este fenómeno consolida a la moto como el medio de transporte predilecto de los colombianos.

El impacto económico del sector es significativo según datos de Asopartes. La industria genera aproximadamente 70.000 empleos directos y contribuye con el 2,5% del PIB industrial del país. Sin embargo, el contrabando amenaza esta dinámica positiva.

La proliferación de repuestos ilegales representa un riesgo considerable para la seguridad vial. Las piezas que ingresan por contrabando carecen de controles de calidad y no cumplen con los estándares técnicos requeridos. Esta situación pone en peligro la vida de conductores y pasajeros.

El mercado negro de autopartes no solo afecta la seguridad, sino que también impacta negativamente la economía formal. Los comerciantes legales enfrentan una competencia desleal que erosiona sus márgenes de ganancia y amenaza la sostenibilidad de sus negocios.

Las autoridades enfrentan el desafío de fortalecer los controles aduaneros y desarticular las redes de contrabando. La magnitud del problema requiere una estrategia integral que involucre a diferentes entidades gubernamentales y al sector privado.

La educación del consumidor emerge como factor clave para combatir este flagelo. Es fundamental crear conciencia sobre los riesgos de adquirir repuestos de dudosa procedencia y promover la compra en establecimientos autorizados.

El futuro del sector motociclista en Colombia dependerá en gran medida de la efectividad en el control del contrabando. Solo así se podrá garantizar un crecimiento sostenible que beneficie a todos los actores de la cadena productiva y comercial.

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