Colombia se encuentra ante una encrucijada energética de dimensiones preocupantes. La Asociación Colombiana del Petróleo y Gas presentó un informe este lunes. El documento revela riesgos críticos para el abastecimiento eléctrico del país.
El fenómeno de El Niño amenaza con desatar una crisis sin precedentes. Según las proyecciones del Ideam, el evento climático podría alcanzar una intensidad “muy fuerte”. Esta magnitud sería comparable al Niño de 2016. Aquel episodio fue uno de los más severos registrados en décadas.
El diésel se ha convertido en el combustible de última respuesta del sistema eléctrico nacional. Cuando los niveles de los embalses descienden, la generación hidroeléctrica se reduce drásticamente. En ese momento crítico, las plantas térmicas deben quemar diésel para sostener el servicio.
La experiencia reciente ilustra esta dependencia de manera contundente. Durante El Niño de 2023-2024, el diésel representó entre 2% y 6% de la generación eléctrica. Sin embargo, las proyecciones actuales pintan un escenario mucho más exigente. Si el fenómeno alcanza la intensidad anticipada, el diésel podría cubrir cerca de 9% de la generación.
Este incremento en la demanda plantea desafíos operativos significativos. El volumen necesario sería 30% mayor al que la producción nacional puede ofrecer por sí sola. Por lo tanto, el país se vería obligado a planear con anticipación importaciones masivas. La logística para internar el combustible desde la costa requeriría coordinación excepcional.
La presión operativa se suma a una crisis fiscal que se agrava progresivamente. El Fondo de Estabilización de Precios de los Combustibles experimentó un respiro durante 2025. No obstante, el aumento de los precios internacionales volvió a generar déficit durante el primer semestre de este año.
Las cifras del subsidio resultan alarmantes para las finanzas públicas. Según las estimaciones del informe de la ACP, el país subsidió cerca de 1.500 pesos por galón de gasolina. El subsidio al diésel fue aún más pronunciado, alcanzando 8.000 pesos por galón en ese periodo.
Las proyecciones hacia el cierre de 2026 son igualmente preocupantes. Si las condiciones actuales se mantienen, el déficit acumulado del Fondo podría alcanzar cerca de 6 billones de pesos. Esta cifra representa una carga significativa para el Presupuesto General de la Nación.
El comportamiento de los precios internos ha mostrado patrones contrastantes en años recientes. A lo largo de 2025, tanto la gasolina como el diésel mantuvieron relativa estabilidad. Esta situación se debió a la reducción de los precios internacionales en la Costa del Golfo. Además, la tasa de cambio contribuyó a moderar las variaciones.
El precio de la gasolina se incrementó apenas 3% anual durante 2025. Esto representó una subida de aproximadamente 406 pesos por galón. El cambio fue moderado en comparación con años anteriores. En 2023, el aumento había sido del 48%. Durante 2024, el incremento fue del 7%.
El diésel, utilizado en transporte público y camiones de carga, experimentó un aumento del 5% en 2025. Este combustible también alimenta barcos y generadores de electricidad en edificios grandes. La subida representó aproximadamente 550 pesos por galón.
La estrategia del gobierno saliente entre 2023 y 2024 buscó reducir la brecha de precios. La administración aumentó el precio de la gasolina por encima de la referencia externa. La idea era marchitar el déficit que acumulaba el FEPC. Cuando el precio local es menor al internacional, el Fondo repone esta diferencia.
Sin embargo, la estrategia cambió radicalmente en 2025. El precio interno quedó casi quieto con un incremento de apenas 3%. Como consecuencia directa, la brecha volvió a crecer de manera significativa. En enero de 2025, la diferencia entre el precio nacional e internacional era de 1.650 pesos por galón de gasolina.
Este margen moderado permitió reponer algo del déficit del Fondo temporalmente. No obstante, la situación se deterioró rápidamente en los meses siguientes. Para enero de 2026, la brecha había aumentado a 4.600 pesos por galón. Este salto representa un incremento de casi el triple en apenas un año.
El comportamiento del diésel mostró una dinámica completamente opuesta. La diferencia entre el precio nacional e internacional pasó de 4.700 pesos por galón a 1.600 pesos. Esta reducción de la brecha contrasta con la tendencia observada en la gasolina.
El consumo de combustibles líquidos durante 2025 presentó un crecimiento modesto del 0,9%. Esta cifra incluye gasolina, diésel y jet fuel. Dentro de este panorama general, la demanda de gasolina aumentó mientras que la del diésel disminuyó.
Un resultado particularmente inusual captó la atención de los analistas del sector. El consumo de gasolina extra aumentó 36,3% durante el periodo analizado. Este tipo de gasolina está destinada para vehículos con alta capacidad de combustible u octanaje. Según la ACP, este aumento responde a dos factores principales.
La poca diferencia entre los precios de la gasolina corriente y extra incentivó el cambio. Además, la llegada de más carros híbridos al mercado colombiano contribuyó significativamente. Estos vehículos requieren combustible de mayor octanaje para optimizar su rendimiento.
El crecimiento del consumo no fue uniforme en todo el territorio nacional. El informe resalta la posibilidad de un aumento del contrabando de gasolina en zonas fronterizas. Esta actividad ilegal distorsiona las estadísticas de consumo oficial.
“En particular, el aumento de válvulas ilícitas en los tramos Pozos Colorados – Galán y Galán – Salgar ha generado una reducción observable en las ventas oficiales de combustibles en departamentos fronterizos como Cesar, Norte de Santander y Arauca”, afirma el documento.
Las proyecciones de demanda hacia el futuro muestran tendencias diferenciadas por tipo de combustible. La ACP consultó expertos en la cadena de distribución para elaborar sus estimaciones. Estos especialistas indican que la demanda total de combustibles líquidos puede crecer 1,63% en 2026. Entre 2027 y 2031, el crecimiento proyectado es de 1,58% anual.
Nuevamente, se observan variaciones desiguales entre los diferentes tipos de combustibles. La demanda de gasolina motor corriente no aumentará significativamente. El crecimiento proyectado es de apenas 0,9% debido al aumento de carros híbridos. Esta tendencia refleja una transformación gradual del parque automotor colombiano.
Por el contrario, la gasolina extra experimentará un crecimiento más robusto del 1,1%. Esta diferencia confirma la tendencia observada durante 2025. La preferencia por vehículos que requieren combustible de mayor octanaje se consolida.
A pesar de estos cambios, la dependencia de combustibles líquidos convencionales sigue siendo abrumadora. El 96% de los vehículos en circulación operan con estos combustibles tradicionales. Esta cifra refleja la alta dependencia energética del transporte colombiano.
Las tecnologías alternativas mantienen una presencia marginal en la flota vehicular nacional. Los vehículos híbridos y eléctricos representan apenas el 1% del total. El Gas Natural Vehicular registra una participación del 3%. Por lo tanto, el mercado de tecnologías con menos impacto en las emisiones de gases aún se queda corto.
Esta realidad plantea interrogantes sobre la transición energética en el sector transporte. La adopción de tecnologías limpias avanza a un ritmo lento. Mientras tanto, la dependencia de combustibles fósiles se mantiene casi intacta.
El panorama que emerge del informe de la ACP es complejo y multifacético. Por un lado, existe un riesgo inminente de apagón si no se asegura el abastecimiento de diésel. Por otro lado, el déficit del FEPC continúa creciendo y presionando las finanzas públicas.
Las autoridades enfrentan decisiones difíciles en los próximos meses. Deben garantizar el suministro de diésel para enfrentar El Niño. Al mismo tiempo, necesitan manejar el déficit del Fondo sin generar presiones inflacionarias excesivas. Esta ecuación no tiene soluciones fáciles ni inmediatas.
La planificación anticipada de importaciones se vuelve crucial en este contexto. El país debe asegurar contratos de suministro con suficiente antelación. Además, la infraestructura logística debe estar preparada para manejar volúmenes superiores a los habituales.
La situación del contrabando en zonas fronterizas añade otra capa de complejidad. Las pérdidas de ingresos fiscales por esta actividad ilegal son significativas. Además, distorsiona el mercado y dificulta la planificación del abastecimiento.
El aumento de válvulas ilícitas en oleoductos representa un problema de seguridad y ambiental. Estas conexiones clandestinas generan derrames y contaminación. También representan pérdidas económicas para el Estado y las empresas distribuidoras.
La brecha entre precios nacionales e internacionales continuará siendo un tema sensible. Los ajustes de precios tienen implicaciones políticas y sociales importantes. Sin embargo, mantener subsidios insostenibles pone en riesgo la estabilidad fiscal del país.
La transición hacia tecnologías más limpias avanza, aunque a un ritmo insuficiente. Los vehículos híbridos y eléctricos ganan espacio gradualmente en el mercado. No obstante, su participación sigue siendo marginal en el contexto general.
El crecimiento del consumo de gasolina extra refleja cambios en las preferencias del consumidor. También señala una evolución en la composición del parque automotor. Los vehículos más modernos y eficientes requieren combustibles de mayor calidad.
La dependencia del diésel para la generación eléctrica expone una vulnerabilidad estructural del sistema energético. La capacidad hidroeléctrica del país es significativa. Sin embargo, su dependencia de las condiciones climáticas la hace vulnerable a fenómenos como El Niño.
La diversificación de la matriz energética emerge como una necesidad estratégica. Las fuentes renovables no convencionales deben ganar mayor participación. La energía solar y eólica pueden reducir la dependencia de combustibles fósiles para generación eléctrica.
Los próximos meses serán críticos para el sector energético colombiano. Las decisiones que se tomen ahora determinarán la capacidad del país para enfrentar El Niño. También definirán la trayectoria del déficit del FEPC en el mediano plazo.