En las vastas sabanas del Yarí, situadas entre los departamentos de Caquetá y Meta, cuatro organizaciones campesinas han alzado su voz en busca de respaldo gubernamental. Su objetivo es claro: obtener el reconocimiento de sus derechos sobre tierras que han habitado por más de cuatro décadas y avanzar en la creación de dos Zonas de Reserva Campesina (ZRC). Estas zonas no solo buscan proteger los derechos de los campesinos, sino también fomentar prácticas sostenibles que beneficien tanto a la comunidad como al medio ambiente.
El contexto en el que se desarrolla esta petición es complejo. Las organizaciones campesinas enfrentan un panorama incierto debido a la inactividad en la mesa de diálogo entre el gobierno y las disidencias de las FARC, lideradas por Calarcá Córdoba. La última reunión tuvo lugar en Bogotá en octubre del año pasado, y desde entonces, el proceso ha estado en un estado de letargo. La renuncia de Camilo González Posso, jefe negociador del equipo gubernamental, ha añadido más incertidumbre. González Posso era una figura clave en los esfuerzos por impulsar transformaciones territoriales en la región.
Raúl Ávila, líder de la Corporación de Trabajadores Campesinos Agropecuarios Ambientales (Corpoayarí), expresa la preocupación de las comunidades. La falta de diálogo y la suspensión del cese al fuego bilateral por parte del presidente Gustavo Petro en mayo pasado han dejado a los campesinos en una situación vulnerable. “Al no haber un espacio de diálogo, ni cese al fuego bilateral, pues no hay garantías”, lamenta Ávila. La historia ha demostrado que la ausencia de diálogo puede llevar a un resurgimiento del conflicto armado, y los campesinos temen ser nuevamente las principales víctimas.
En medio de esta incertidumbre, las comunidades continúan trabajando en la conformación de la Zona de Reserva Campesina Losada Yarí. Este proceso implica consultas con las juntas de acción comunal y la promotoría campesina, una red de líderes que promueve el conocimiento en temas ambientales, sociales y productivos. Sin embargo, el temor a que el proceso de transformaciones territoriales se detenga es palpable. La presencia de tropas del Ejército en la región aumenta la posibilidad de enfrentamientos, lo que podría frenar el avance de las iniciativas.
La delegación del gobierno, ahora bajo el liderazgo de Gloria Quiceno, ha evaluado el estado de los planes de transformación territorial en una reciente reunión en Paipa, Boyacá. Aunque no hay claridad sobre la fecha de un posible séptimo ciclo de diálogos, las comunidades del Yarí esperan con ansias anuncios oficiales que confirmen el cumplimiento de las promesas hechas.
Mientras tanto, las organizaciones campesinas continúan con sus consultas y esfuerzos para construir planes de desarrollo ambiental. Además de Corpoayarí, la Asociación de Pequeños Productores Agropecuarios de la Cristalina del Losada (Asopeproc) también está involucrada en la solicitud de la zona Losada Yarí. La Agencia Nacional de Tierras realizó una visita técnica en mayo, un paso crucial en el proceso de reconocimiento de la ZRC.
Desde 2019, Corpoayarí, Asopeproc y la Asociación Empresarial Campesinos del Yarí (Asecady) han trabajado en una ambiciosa agenda ambiental. Su objetivo es restaurar el corredor del jaguar, un felino en peligro de extinción que habita en estas sabanas. Las promotorías campesinas, apoyadas por el programa Amazonía Sostenible para la Paz del PNUD, han sido fundamentales en este esfuerzo. Estas promotorías han creado viveros para propagar especies nativas, promovido la apicultura, la ganadería sostenible y la construcción de acueductos agro familiares, entre otras actividades.
Un ejemplo destacado de estas iniciativas es el vivero de la Asociación Ambiental de Mujeres Trabajadoras por el Desarrollo del Yarí (AAMPY), ubicado en la vereda Alto Morrocoy. Este vivero, iniciado en 2017 con el apoyo de Amazonía Sostenible, ha recibido respaldo de la Unión Europea y del Centro Internacional para la Justicia Transicional (ICTJ). Las mujeres de AAMPY han logrado certificar el vivero y 163 especies, produciendo 150 mil plántulas al año. Además, han vinculado a niños y niñas del Centro Educativo Las Brisas en la iniciativa Jóvenes Protectores de la Naturaleza, fomentando la educación ambiental y la conexión intergeneracional.
El compromiso de las comunidades con la conservación del jaguar se refleja en el Acuerdo Intergeneracional para la Conservación del Jaguar, firmado en 2019 por alumnos de instituciones educativas del Yarí. Este acuerdo busca garantizar que el jaguar pueda recorrer las sabanas sin temor a ser cazado y convivir en armonía con los humanos. Para celebrar este compromiso, las comunidades organizan el Festival del Jaguar cada dos años, un evento que reúne a jóvenes y líderes campesinos del Caquetá y el Guaviare.
Esteban Zamora, junto a su hijo, representa el espíritu de este pacto intergeneracional. Esteban padre llegó a las sabanas del Yarí hace cuarenta años y ha vivido la transformación de la región. En el pasado, cazaba jaguares y tumbaba monte, pero hoy es un guardián del ecosistema. Su finca en La Tunia es uno de los predios que ha recibido apoyo para convivir con el jaguar, implementando medidas como corrales especiales y restauración de corredores biológicos.
Esteban hijo, ahora presidente de Asecady, lidera la conformación de la Zona de Reserva Campesina Yarí Jaguar. Su liderazgo es crucial para avanzar en este proceso, y su principal petición al gobierno es recibir más información técnica y acompañamiento en la solicitud. Además, buscan alternativas para las familias que colindan con el Parque Natural Chiribiquete, algunas de las cuales fueron afectadas por la operación Artemisa.
Jimena Puyana, gerente de Ambiente y Desarrollo Sostenible de PNUD, destaca la importancia de las Zonas de Reserva Campesina como una herramienta para contener la deforestación y promover el desarrollo sostenible. Las comunidades del Yarí reclaman que la inversión estatal llegue, independientemente de las negociaciones con grupos armados ilegales. En este contexto, el respaldo gubernamental es esencial para garantizar un futuro sostenible y pacífico para las comunidades campesinas del Yarí.