El Banco de la República publicó una nueva edición del Reporte de Estabilidad Financiera. Este documento analiza el comportamiento del sistema entre septiembre de 2025 y marzo de 2026. Además, evalúa la capacidad del sistema financiero colombiano para absorber choques económicos.

El gerente general del Banco de la República, Leonardo Villar, detalló aspectos fundamentales del informe. Según explicó, el entorno macroeconómico global se ha caracterizado por altos niveles de incertidumbre. Asimismo, ha aumentado la aversión al riesgo entre los inversionistas internacionales.

Esta situación se asocia con la intensificación de los conflictos geopolíticos. Por ejemplo, el conflicto de Oriente Medio ha generado tensiones en los mercados. Paralelamente, han surgido mayores presiones inflacionarias en diversas economías. Del mismo modo, las condiciones financieras se han vuelto más restrictivas.

Parte de las consecuencias ha sido una mayor volatilidad en los mercados financieros. También se ha registrado un fortalecimiento sostenido del dólar estadounidense. Por otro lado, se han producido revisiones a la baja en las perspectivas económicas globales.

A pesar de este panorama internacional complejo, la economía colombiana ha mantenido crecimiento. El año pasado, el PIB cerró en 2,6 por ciento. Para este año se proyecta que lo haga en 2,4 por ciento. Este comportamiento ha sido impulsado por las dinámicas de consumo de los hogares.

Igualmente, la fortaleza del mercado laboral ha contribuido al crecimiento económico. El crecimiento de las remesas también ha sido un factor determinante. Adicionalmente, se ha registrado un mayor aumento del crédito en diversos segmentos.

Sin embargo, el Banrep alerta que continúan ciertas presiones sobre el sistema financiero. Estas presiones aumentan las señales de vulnerabilidad para el sector. La situación fiscal del país ejemplifica esta problemática de manera clara.

El país mantiene altos niveles de déficit y deuda pública. Esto incrementa el riesgo soberano percibido por los inversionistas internacionales. Consecuentemente, aumentan los costos de financiamiento para el gobierno y las empresas.

“En este contexto el sistema financiero coombiano mantuvo una posición sólida, con niveles adecuados de liquidez y capital, aunque con señales de menor dinamismo. Los indicadores de capital y liquidez se mantuvieron por encima de los mínimos regulatorios, lo que refleja la capacidad de las entidades para enfrentar eventuales choques negativos”, señaló Villar.

La actividad del sistema financiero continuó mostrando dinamismo durante el período analizado. Se registró un crecimiento real anual de los activos cercano al 3 por ciento. Este aumento fue impulsado por el crecimiento de la cartera de crédito.

Las inversiones también contribuyeron al crecimiento de los activos del sistema. Especialmente destacaron las inversiones en títulos de deuda pública. No obstante, en los últimos meses han surgido señales de moderación preocupantes.

Estas señales se reflejan en una menor dinámica de los desembolsos de crédito. También se observa un endurecimiento de las condiciones de crédito por parte de las entidades. Además, existe una menor percepción de demanda por financiamiento entre los empresarios.

Sobre los créditos destinados a empresas, el banco señala vulnerabilidades sectoriales persistentes. En cuanto a los hogares, el endeudamiento ha comenzado a aumentar. Este incremento se mide en relación con el ingreso disponible de las familias.

El ahorro de los hogares ha disminuido, agravando la situación financiera familiar. Esto se traduce en un incremento en la carga financiera de las familias. También se observa un deterioro en algunos segmentos crediticios específicos.

El crédito de consumo presenta señales particularmente preocupantes según el análisis. “Esto se traduce en un incremento en la carga financiera y un deterioro en algunos segmentos como el crédito de consumo, el crédito vuelve a emerger como un foco de atención”, alerta el directivo del banco.

El director del Departamento de Estabilidad Financiera del Banrep, Carlos Quicazán, puntualizó información adicional. Los créditos otorgados continúan mostrando señales de crecimiento en el sistema. Las inversiones que hacen las entidades financieras también mantienen tendencia positiva.

Este activo creció a una tasa anual cercana al 2,7 por ciento. El crecimiento fue impulsado por mayor actividad en la colocación de créditos. “Las inversiones se han destinado principalmente en TES”, dijo Quicazán.

En los últimos meses se ha visto un mayor dinamismo en categorías específicas. El microcrédito creció 6,6 por ciento en el período analizado. El crédito de vivienda aumentó 6,1 por ciento durante el mismo período.

Otras categorías se han visto más rezagadas en su desempeño. El crédito comercial creció solamente 3,2 por ciento en términos anuales. El consumo aumentó 5 por ciento, por debajo de otras modalidades.

No obstante, con base en los meses más recientes, se espera menor dinamismo. Esta desaceleración afectaría el otorgamiento de crédito en lo que resta del año. Esto ya se está viendo con señales concretas en el mercado financiero.

La desaceleración de algunas modalidades crediticias es una de estas señales. También se observa el endurecimiento de las condiciones de los bancos. Este endurecimiento es especialmente notable en el crédito de vivienda.

Un dato positivo es que el indicador de morosidad ha disminuido. Este indicador pasó de 5,3 por ciento en 2024 a 4,4 por ciento en 2026. Además, el número de entidades con pérdidas se redujo de 18 a 15.

El reporte señala que el endeudamiento de los hogares continuó aumentando. Este aumento se mide en proporción a sus ingresos disponibles. Sin embargo, este comportamiento ha estado acompañado por una reducción en la morosidad.

Las familias están destinando una porción cada vez mayor de sus ingresos. Estos recursos se dirigen al pago de obligaciones financieras contraídas previamente. Además, se ha observado un incremento en los compromisos con entidades no vigiladas.

Estas entidades suelen concentrar su oferta en perfiles de mayor riesgo crediticio. Por el contrario, las entidades vigiladas mantienen criterios de otorgamiento más estrictos. Estas instituciones suelen atender a deudores con mejor historial crediticio.

El documento evalúa la capacidad del sistema para mantener la prestación de servicios. Esta prestación debe mantenerse sin afectar a hogares, empresas e inversionistas. El reporte destaca la resiliencia del sector frente a la incertidumbre.

Los indicadores de capital se mantuvieron por encima de los mínimos regulatorios establecidos. Los indicadores de liquidez también superaron los umbrales mínimos requeridos por la normativa. Esto refleja la capacidad de las entidades para enfrentar eventuales choques negativos.

El sistema financiero colombiano mantuvo una posición sólida durante el período analizado. Esta solidez se mantiene a pesar del entorno de alta incertidumbre internacional. No obstante, las señales de vulnerabilidad requieren atención y monitoreo constante.

El Banco de la República reconoce la solidez que tiene el sector financiero. Sin embargo, también avizora una serie de desafíos importantes para el futuro cercano. Estos desafíos requerirán respuestas coordinadas de las autoridades económicas y las entidades financieras.

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