Hace una década, el movimiento “Ni Una Menos” emergió en Argentina como una respuesta contundente a la violencia de género y los feminicidios. Este movimiento, que ha dejado una huella indeleble en la sociedad argentina y latinoamericana, sigue siendo un pilar fundamental en la lucha por los derechos de las mujeres. La consigna “Ni Una Menos”, inspirada en el grito mexicano “¡Vivas nos queremos!”, se convirtió en un llamado a la acción que resonó en todo el país.
El 3 de junio de 2015, más de 200,000 personas se congregaron en las calles de Buenos Aires y otras ciudades argentinas. Esta movilización marcó el inicio de la cuarta ola del feminismo en la región. Lucía Cavallero, una de las voces prominentes del movimiento, describe este fenómeno como una “revolución sensible y masiva”. Según ella, desde 2015, la sociedad ha experimentado un cambio significativo en su percepción de la violencia de género, adoptando una postura de tolerancia cero.
El origen de “Ni Una Menos” se remonta a una lectura colectiva frente a la Biblioteca Nacional, donde periodistas, escritoras y poetas, como María Moreno, Selva Almada y Gabriela Cabezón Cámara, alzaron sus voces contra los feminicidios. Este evento se transformó en una catarsis colectiva, donde muchas mujeres encontraron el valor para compartir sus experiencias. La tragedia del feminicidio de Chiara Páez, una adolescente de 14 años, fue el catalizador que impulsó a la periodista Marcela Ojeda a escribir un tuit que resonó profundamente: “Actrices, políticas, artistas, empresarias, referentes sociales, mujeres, todas, bah. ¿No vamos a levantar la voz? Nos están matando”. Este mensaje se convirtió en el punto de partida para la histórica movilización de junio.
Ojeda recuerda el tuit como una reacción visceral, nacida de la indignación y la pena, pero también de la convicción de que era necesario tomar las calles. “Ni Una Menos” no surgió de un simple tuit, sino de un camino robusto de activismo en Argentina, sostenido por movimientos como las Madres y Abuelas de la Plaza de Mayo y la Campaña por el Aborto Legal, Seguro y Gratuito.
Desde sus inicios, “Ni Una Menos” ha adoptado una estructura asamblearia y transversal, integrando a activistas independientes, sindicatos y partidos políticos. En 2016, el movimiento convocó la primera huelga feminista del país, destacando la violencia económica y forjando una alianza histórica entre feminismo y sindicalismo. La consigna “Vivas, libres y desendeudadas nos queremos” surgió en respuesta al ciclo de endeudamiento durante el gobierno de Mauricio Macri.
Durante la pandemia del COVID-19, el movimiento enfrentó nuevos desafíos. A pesar de las restricciones, las mujeres asumieron más responsabilidades de cuidado, pero también lograron la legalización del aborto, una victoria significativa para la Marea Verde.
Hoy, “Ni Una Menos” se enfrenta a un panorama político complejo en Argentina. Según Cavallero, el actual gobierno de ultraderecha no solo niega la violencia de género, sino que la promueve desde el Estado. Esta situación refleja una tendencia global, donde las ultraderechas atacan los avances feministas. Cavallero enfatiza la necesidad de un internacionalismo más fuerte, ya que la ultraderecha disputa espacios fundamentales para el movimiento.
En este contexto, “Ni Una Menos” sigue siendo un faro de resistencia y esperanza. Su legado de lucha y transformación social continúa inspirando a nuevas generaciones a alzar la voz contra la injusticia y a trabajar por un futuro más equitativo. La historia de este movimiento es un testimonio del poder de la acción colectiva y de la importancia de mantenerse firmes en la defensa de los derechos humanos.