La vida digital de los colombianos presenta brechas alarmantes que los exponen a fraudes constantes. Un reciente estudio de Kaspersky revela prácticas riesgosas que amenazan la seguridad financiera de millones de personas.

El 43% de los colombianos comparte sus contraseñas con otras personas. Estas claves funcionan como llaves de acceso a información sensible y valiosa. Además, el 86% mantiene sesiones abiertas en dispositivos móviles sin cerrarlas adecuadamente. Esta combinación incrementa significativamente el riesgo de accesos no autorizados.

Los correos electrónicos, redes sociales y aplicaciones financieras quedan expuestos ante extraños. También las plataformas empresariales se vuelven vulnerables por estos descuidos cotidianos. De esta manera, los usuarios facilitan el camino hacia fraudes complejos. Asimismo, la suplantación de identidad se convierte en una amenaza real y frecuente.

Carolina Mojica dirige el área de productos en Kaspersky para la región. Ella conversó con El Espectador sobre los principales riesgos digitales actuales. Durante la entrevista, compartió recomendaciones prácticas para fortalecer la seguridad personal.

“Los colombianos venimos desarrollando un poco más de conciencia”, afirmó Mojica. El 72% de los usuarios cambia sus contraseñas con cierta regularidad. Sin embargo, todavía no existe una verdadera higiene digital generalizada. Por el contrario, persisten muchas brechas que los delincuentes aprovechan hábilmente.

Los propios usuarios amplifican los riesgos de ciberseguridad sin darse cuenta. El compartir contraseñas representa un problema grave que trasciende al individuo. En efecto, afecta a toda la familia cuando se comparten dispositivos. Muchos hogares utilizan computadores, tablets y celulares de forma colectiva. Incluso los niños acceden a estos equipos sin supervisión adecuada.

Esta situación representa una brecha enorme que los hackers explotan sistemáticamente. Los ciberdelincuentes ya no atacan únicamente sistemas corporativos de gran envergadura. Por el contrario, identifican a los eslabones más débiles del sistema. Las personas comunes se convierten en objetivos prioritarios de estos ataques.

El celular concentra prácticamente toda la vida de los colombianos actualmente. Ya no funciona solamente como un teléfono para comunicarse verbalmente. En cambio, se ha transformado en el banco personal de millones. También alberga las conexiones familiares, las redes sociales y las amistades.

El 68% de las personas utiliza su celular para realizar transferencias bancarias. Mientras tanto, el 99% lo usa para comunicarse digitalmente con familiares. Muchas familias comparten cuentas y acceso a información bancaria sensible. Esta práctica representa una brecha enorme para la seguridad financiera.

Cuando no existe una higiene digital adecuada, los riesgos se multiplican. La falta de protección en contraseñas facilita el trabajo criminal. Asimismo, no activar la doble autenticación en aplicaciones bancarias resulta peligroso. Un ciberatacante puede ingresar a través de una sola cuenta comprometida. En cuestión de minutos, accede a múltiples perfiles simultáneamente.

Las redes sociales, los datos bancarios y toda la información quedan expuestos. Por eso la prevención resulta absolutamente fundamental en el entorno actual. El celular se comparte frecuentemente entre diferentes miembros de la familia. Lo usan los adultos, los hijos, la pareja y otros familiares. Cada préstamo del dispositivo representa un factor de riesgo adicional.

“Definitivamente no lo es”, respondió Mojica sobre el carácter “personal” del celular. Cuando se comparte el dispositivo, lo ideal es crear usuarios separados. También resulta crucial proteger la información sensible mediante herramientas específicas. No significa que vaya a ocurrir algo malo necesariamente. Sin embargo, un niño pequeño puede exponer información importante sin querer.

El 48% de los colombianos no lee los términos y condiciones. Esto ocurre al momento de descargar cualquier aplicación nueva. Este comportamiento representa un riesgo enorme para la seguridad digital. Los niños resultan especialmente vulnerables ante estas amenazas digitales. Igualmente, los adultos mayores tienen menor conciencia sobre los peligros.

Por eso resulta fundamental establecer reglas claras al compartir dispositivos. Una sola aplicación comprometida puede poner en riesgo a toda la familia. Además, los hogares colombianos adoptan cada vez más dispositivos IoT. Las cámaras de seguridad, cerraduras inteligentes y asistentes de voz proliferan. Fácilmente un hogar puede tener cinco o seis dispositivos conectados. Cada uno representa un vector de riesgo potencial para la seguridad.

Las cámaras presentan vulnerabilidades particularmente preocupantes para las familias. Si hackean un sistema de seguridad, acceden al video grabado. Pero también pueden acceder al audio dentro del hogar familiar. Hoy incluso hay electrodomésticos conectados a internet de forma permanente. Si alguien accede al celular desde donde se controlan, puede actuar.

“La ciberseguridad es un tema del hogar. No es algo aislado. Es una conversación que debemos tener en la cocina, en el comedor, con nuestra pareja, con nuestros hijos”, explicó Mojica.

La inteligencia artificial complica aún más la protección contra amenazas. Ya existe cierta conciencia frente a links sospechosos en mensajes. Pero la situación cambia con llamadas que usan voces familiares. Recibir una llamada con la voz de la madre pidiendo dinero urgente genera confianza. Probablemente las personas actúen sin cuestionar porque la voz suena real.

Los deepfakes de voz son cada vez más sofisticados y convincentes. Los ciberatacantes saben exactamente cómo manipular emocionalmente a sus víctimas. Conocen las debilidades humanas y las explotan sin remordimiento alguno.

El robo de cuentas de WhatsApp representa otra modalidad preocupante actualmente. Los delincuentes roban el perfil de una persona y escriben a familiares. Luego piden dinero prestado haciéndose pasar por el titular legítimo. Esta modalidad crece de manera preocupante en toda la región.

Se basa en ingeniería social que genera urgencia y miedo. Los atacantes simulan ser el banco o un servicio de mensajería. El usuario da clic y automáticamente entrega acceso a su cuenta. También pierde el control sobre toda su información personal almacenada.

Kaspersky desarrolló una herramienta llamada Who Calls para combatir esto. Esta aplicación identifica y bloquea números fraudulentos automáticamente. Funciona tanto para llamadas como para mensajes de WhatsApp. Utiliza una base de datos comunitaria que los usuarios reportan.

Mojica ofreció tres recomendaciones principales para blindarse este año. La primera consiste en proteger las contraseñas de forma rigurosa. Son la llave de la casa digital de cada persona. No se debe usar la misma en todas las cuentas. Además, conviene cambiarlas periódicamente y no compartirlas nunca.

La segunda recomendación es verificar antes de hacer clic. Cuando llegue un mensaje por texto o WhatsApp, revisar su procedencia. Utilizar otros canales de comunicación antes de actuar precipitadamente.

La tercera consiste en cuidar la información que se publica. Lo que se comparte en redes sociales es una ventana. Los ciberdelincuentes aprovechan estos datos para personalizar sus ataques.

Mojica añadió una cuarta recomendación igualmente importante para las familias. Instalar una solución de ciberseguridad confiable que proteja a todos. No solo debe proteger al individuo sino a toda la familia. Esta inversión resulta fundamental en el entorno digital actual.

Los datos sensibles requieren protección constante y actualizada regularmente. Las amenazas evolucionan rápidamente y requieren respuestas ágiles. Por tanto, la educación digital debe comenzar en el hogar. Conversaciones francas sobre riesgos y prevención resultan indispensables hoy.

Los niños necesitan comprender los peligros desde edades tempranas. Igualmente, los adultos mayores requieren acompañamiento en su vida digital. Nadie puede quedarse atrás en esta transformación tecnológica acelerada.

La información bancaria merece especial atención y cuidado extremo. Las aplicaciones financieras deben contar con todas las protecciones disponibles. La doble autenticación no es opcional sino absolutamente necesaria.

Cada dispositivo conectado multiplica las posibilidades de intrusión maliciosa. Por ello, la seguridad de la red Wi-Fi doméstica resulta crucial. Las contraseñas débiles facilitan el acceso a toda la red. Consecuentemente, todos los dispositivos conectados quedan expuestos simultáneamente.

Los términos y condiciones de las aplicaciones contienen información vital. Leerlos permite comprender qué permisos se otorgan realmente. Muchas aplicaciones solicitan acceso a contactos, ubicación y archivos. Estos permisos pueden utilizarse de formas que los usuarios desconocen.

La conciencia sobre ciberseguridad ha aumentado gradualmente en Colombia. No obstante, la brecha entre conocimiento y práctica sigue siendo amplia. Saber que algo es riesgoso no garantiza cambios de comportamiento. Por eso, la educación debe acompañarse de herramientas prácticas.

Las soluciones tecnológicas facilitan la adopción de mejores prácticas. Los gestores de contraseñas ayudan a crear claves únicas y robustas. Las aplicaciones de autenticación añaden capas adicionales de seguridad efectiva.

Los dispositivos compartidos requieren configuraciones específicas para múltiples usuarios. Separar perfiles evita que un error afecte a todos. Además, permite controlar qué aplicaciones utiliza cada miembro familiar.

La urgencia artificial es una táctica común de los estafadores. Presionan para que las víctimas actúen sin pensar ni verificar. Por tanto, cualquier solicitud urgente de dinero debe confirmarse personalmente. Una llamada directa puede evitar pérdidas económicas significativas.

Las redes sociales revelan información valiosa para los delincuentes. Publicar horarios, rutinas y ubicaciones facilita los ataques dirigidos. También permite a los estafadores crear perfiles psicológicos detallados. Con estos datos, personalizan mensajes que parecen legítimos y confiables.

La seguridad digital no es responsabilidad exclusiva de expertos. Cada usuario debe asumir su parte en la protección colectiva. Las familias funcionan como ecosistemas digitales interconectados completamente. Un eslabón débil compromete la seguridad de todos los miembros.

Las actualizaciones de software cierran vulnerabilidades conocidas por los atacantes. Postergarlas mantiene abiertas puertas que deberían estar cerradas. Por ello, instalar actualizaciones apenas estén disponibles resulta fundamental.

Los respaldos de información protegen contra pérdidas por ataques exitosos. Si un dispositivo se ve comprometido, los datos respaldados permanecen seguros. Esta práctica simple puede evitar consecuencias devastadoras para las familias.

La educación continua sobre amenazas emergentes resulta indispensable actualmente. Los métodos de ataque evolucionan constantemente y requieren vigilancia. Mantenerse informado permite anticipar y prevenir nuevos tipos de fraude.

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