El Banco Interamericano de Desarrollo presentó un dossier de 42 páginas. El documento revela el impacto económico de las remesas enviadas desde Estados Unidos. Además, confirma su importancia para reducir la pobreza en Centroamérica.
Los flujos de remesas provienen del trabajo de millones de migrantes. Estos ingresos se generan en los países donde residen. Por lo tanto, representan un sostén fundamental para sus familias.
Estados Unidos concentra la mayoría de los migrantes latinoamericanos. Específicamente, el 56,7 por ciento reside en América del Norte. Asimismo, la cifra alcanzó 28,5 millones de personas hasta julio de 2025.
Honduras, Guatemala, Nicaragua y El Salvador registraron los mayores incrementos. Sus diásporas se concentran principalmente en Estados Unidos. En consecuencia, estos países lideran la recepción de remesas en la región.
Belice, Costa Rica y Panamá también mostraron aumentos significativos. Sin embargo, los incrementos fueron menores que en otros países. De todos modos, las cifras reflejan un crecimiento sostenido.
El informe del organismo multilateral asegura una suba notable en 2025. El envío de remesas creció cerca del 21 por ciento. Por consiguiente, este fenómeno marca un récord histórico para la región.
La política migratoria ejecutada por Donald Trump influyó en este aumento. Además, el incremento de la jornada laboral jugó un papel clave. Estos factores combinados generaron mayor capacidad de envío.
“Este aumento refleja la reacción de los migrantes frente a la incertidumbre”, sostiene el documento. Durante los primeros meses muchos recurrieron a sus ahorros. Así, realizaron más envíos a sus familias por montos más altos.
Entre abril y julio las mujeres centroamericanas aumentaron su participación laboral. Los trabajos de tiempo parcial crecieron un 11,8 por ciento. Paralelamente, los empleos de tiempo completo subieron un 2,3 por ciento.
Los hombres incrementaron su participación en un 36,7 por ciento en trabajos parciales. No obstante, se redujo un 12,0 por ciento en empleos de tiempo completo. A más horas trabajadas, más remesas se pudieron remitir.
Estados Unidos es el origen del mayor giro de remesas. El país norteamericano supera el 90 por ciento en varios destinos. En El Salvador alcanza el 95,8 por ciento del total recibido.
Guatemala registra un 92,9 por ciento proveniente de Estados Unidos. Honduras recibe el 90,1 por ciento desde territorio estadounidense. Belice y Nicaragua también presentan porcentajes elevados con 84,1 y 75,3 por ciento respectivamente.
Panamá y Costa Rica muestran una proporción menor. Aun así, Estados Unidos sigue siendo la principal fuente. Ambos países reciben el 61,5 por ciento de sus remesas desde allí.
Durante 2025 los países centroamericanos recibieron el 31,8 por ciento de las remesas. Este porcentaje supera al 28,3 por ciento registrado el año anterior. Por ende, la región aumentó su participación en el total regional.
Tito Asfura, presidente de Honduras, se encontró con Donald Trump en Mar-a-Lago. El objetivo fue profundizar la relación bilateral entre ambas naciones. En este contexto, analizaron la situación económica hondureña.
“La idea es mejorar nuestras finanzas”, confió Asfura antes del encuentro. También mencionó la importancia de la parte comercial. El sesenta por ciento de la producción nacional son exportaciones hacia Estados Unidos.
Honduras cuenta con alrededor de dos millones de connacionales en Estados Unidos. Sus remesas sostienen el veintisiete por ciento del PIB hondureño. “Son unos héroes trabajando”, afirmó el mandatario sobre sus compatriotas.
El salario promedio semanal de los migrantes alcanzó los 938 dólares. Esta cifra representa el nivel más alto en 18 años. Además, muestra un incremento de 5,3 por ciento respecto al año anterior.
La tasa de crecimiento de las remesas superó el crecimiento del PIB per cápita. Durante 2025 los ingresos de las familias beneficiadas mejoraron un 17,7 por ciento. En contraste, aquellas sin remesas no experimentaron esta mejora.
El análisis del rol de las remesas resulta fundamental. Estas transferencias contribuyen a mejorar las condiciones socioeconómicas. Especialmente, benefician a las familias en los países emergentes.
La proporción de población que reduce su pobreza depende de varios factores. El nivel de pobreza del país es uno de ellos. También influye la magnitud de los flujos de remesas recibidos.
Honduras presenta el mayor nivel de pobreza en la región. Gracias a las remesas, el 7,2 por ciento de su población mejora. Más de la mitad pasa directamente de la pobreza extrema a no pobres.
En El Salvador el 6,6 por ciento de la población reduce su categoría de pobreza. Guatemala registra un 5,0 por ciento con mejoras similares. Consecuentemente, las remesas funcionan como herramienta de movilidad social.
En 2025 los flujos alcanzarían un máximo histórico de 174.400 millones de dólares. El crecimiento regional fue de 7,2 por ciento respecto de 2024. Esto marca 16 años consecutivos de expansión en la región.
Esta continuidad confirma la resiliencia de las remesas. Sin embargo, también revela señales de fatiga. El contexto global incierto representa un desafío para sostener el crecimiento.
El mapa regional presenta características heterogéneas. Centroamérica encabeza el crecimiento con una tasa estimada de 20,4 por ciento. Honduras, Guatemala, Nicaragua y El Salvador impulsan este liderazgo.
Los flujos migratorios no generan un efecto inmediato en las remesas. Los migrantes necesitan tiempo para establecerse. Posteriormente, deben conseguir empleo antes de poder enviar dinero.
Los países de Centroamérica incluyen siete naciones según el estudio. Belice, Costa Rica, El Salvador, Guatemala, Honduras, Nicaragua y Panamá conforman la subregión. Cada uno presenta características y desafíos particulares.
Las remesas representan un porcentaje significativo del PIB en varios países. Honduras lidera con el veintisiete por ciento de su economía. Otros países también muestran dependencias importantes de estos flujos.
El informe lleva como título “Las remesas a América Latina y el Caribe en 2025”. El subtítulo menciona “adaptaciones en un contexto de incertidumbre”. Efectivamente, el documento analiza los desafíos actuales del fenómeno.
Las estimaciones más recientes sobre población migrante corresponden a 2024. Según estos datos, la mayoría reside en América del Norte. Principalmente, Estados Unidos concentra esta población.
La Current Population Survey de la Oficina del Censo proporciona datos actualizados. Hasta julio de 2025 la población migrante de América Latina alcanzó cifras récord. Estos números reflejan el crecimiento sostenido del fenómeno migratorio.
Las familias que reciben remesas mejoran sustancialmente sus ingresos. Comparativamente, superan a aquellas que no reciben estos flujos. Por lo tanto, las remesas reducen la desigualdad económica.
El contexto de incertidumbre afecta las decisiones de los migrantes. Muchos aumentaron sus envíos como medida preventiva. Igualmente, incrementaron sus horas de trabajo para generar más ingresos.
La participación laboral de las mujeres mostró cambios significativos. El aumento en trabajos de tiempo parcial fue notable. Mientras tanto, los hombres ajustaron sus patrones de empleo.
Los países de destino de las remesas muestran diferentes niveles de dependencia. Algunos superan el noventa por ciento de origen estadounidense. Otros presentan una diversificación mayor de fuentes.
La región centroamericana aumentó su participación en el total de remesas. Este incremento refleja el crecimiento de las comunidades migrantes. También demuestra su capacidad de generar ingresos.
El Banco Interamericano de Desarrollo realiza un seguimiento constante del fenómeno. Los informes anuales permiten identificar tendencias. Asimismo, facilitan la formulación de políticas públicas adecuadas.
Las remesas contribuyen directamente a mejorar las condiciones de vida. Reducen la pobreza estructural en múltiples países. Además, generan oportunidades de desarrollo para las familias receptoras.
El salario promedio de los migrantes muestra una tendencia positiva. El incremento refleja mejores condiciones laborales. También indica mayor integración en el mercado de trabajo estadounidense.
La resiliencia de las remesas se mantiene a pesar de los desafíos. Los 16 años consecutivos de expansión lo demuestran. No obstante, existen señales que requieren atención y monitoreo.
El impacto de las remesas va más allá del aspecto económico. Fortalecen los vínculos familiares transnacionales. Igualmente, generan efectos multiplicadores en las economías locales.
Los migrantes centroamericanos sostienen a millones de personas. Sus esfuerzos laborales benefician a familias enteras. Por consiguiente, representan un pilar fundamental para la estabilidad regional.