Brasil aparece en el mapa del espionaje espacial chino. Así lo revela el último informe del Comité Especial sobre China. Esta comisión de la Cámara de Representantes estadounidense fue creada en 2023. Su objetivo es analizar la competencia estratégica entre ambas potencias.

El documento se titula “Arrastrar a América Latina a la órbita de China”. Identifica más de 11 sitios espaciales en toda la región. Entre ellos se cuentan observatorios astronómicos y otras instalaciones. Brasil destaca por albergar una base cuya ubicación exacta “es desconocida”.

Según el informe, esta instalación se encuentra en Tucano. Se trata de una ciudad de poco más de 50 mil habitantes. Está situada en el árido nordeste del estado de Bahía. La estación surgió de una asociación chino-brasileña en 2020.

El acuerdo involucró a la startup brasileña Alya Nanosatellites. También participó la empresa china Beijing Tianlian Space Technology. La compañía asiática tiene vínculos con instituciones clave del programa espacial chino. Entre ellas está la Academia China de Tecnología Espacial.

Además, mantiene lazos con China Aerospace Science and Technology Corporation. Esta última es de propiedad estatal. Ambas organizaciones son centrales para el desarrollo espacial chino.

Alya Nanosatellites firmó un memorando de entendimiento con Beijing Tianlian. El objetivo era compartir datos e infraestructuras satelitales. Así, las estaciones terrestres brasileñas y chinas podrían trabajar juntas. El intercambio de información sobre satélites quedaría establecido.

“Un acuerdo que prevé el almacenamiento y el intercambio de datos operativos a través de redes de antenas interconectadas podría, en la práctica, mejorar la precisión del seguimiento, la SSA (Space Situational Awareness) y la resiliencia del comando tanto para activos espaciales civiles como para los de defensa”, se lee en el texto.

Este tipo de colaboración tiene implicaciones significativas. Si una red de antenas presenta problemas, la otra puede servir de apoyo. Este refuerzo resulta muy útil en caso de operaciones militares. Por tanto, la infraestructura adquiere un carácter estratégico.

Compartir datos operativos de satélites genera otras preocupaciones. La parte china podría acceder a información sensible. Esta incluiría datos sobre infraestructuras espaciales brasileñas. También podría abarcar información sobre sistemas occidentales.

China obtendría ventaja en vigilancia espacial mediante este acuerdo. El intercambio de datos mejora su SSA. Es decir, su capacidad de saber dónde están los satélites. También permite rastrear objetos en el espacio. Esta información resulta útil para monitorear satélites extranjeros.

El informe subraya el doble uso de estas instalaciones. Tanto la base de Tucano como otras mencionadas tienen aplicaciones civiles. Sin embargo, también poseen potencial militar. Esta dualidad genera inquietud en las autoridades estadounidenses.

Una buena SSA permite monitorear satélites militares extranjeros. Facilita entender cuándo pasan sobre determinadas áreas. Ayuda a identificar nuevas tecnologías espaciales de otros países. Además, mejora la protección de los propios satélites militares.

Si China y Brasil comparten datos de antenas terrestres, surgen riesgos. Pekín podría aumentar la precisión en el seguimiento de satélites occidentales. También podría monitorear mejor el espacio sobre América Latina. Tendría más puntos de escucha para comunicaciones satelitales.

Esta red reforzaría las capacidades de espionaje espacial chino. Representaría una expansión significativa de su alcance en la región. América Latina quedaría más expuesta a la vigilancia de Pekín.

Los vínculos con la Fuerza Aérea Brasileña preocupan especialmente a Washington. Alya Nanosatellites firmó un memorando con el Departamento de Ciencia y Tecnología. El acuerdo contemplaba entrenamiento militar en simulación orbital. También incluía el uso de antenas en apoyo de Tucano.

“Esta integración ofrece a la República Popular China un canal para observar e influir en la doctrina espacial militar brasileña, estableciendo al mismo tiempo una presencia permanente en una región vital para la seguridad nacional de Estados Unidos. (…) China podría desarrollar una capacidad de vigilancia (…) capaz de identificar activos militares camuflados y monitorear en tiempo real objetos espaciales extranjeros”, concluye el informe.

El Departamento de Ciencia y Tecnología Aeroespacial respondió a estas acusaciones. La DCTA de la Fuerza Aérea Brasileña confirmó la existencia del memorando. Este estuvo vigente entre 2020 y 2022. “Sin embargo, no se alcanzó ningún acuerdo para renovar el memorando”, se lee en el comunicado.

Según la FAB, la intención era establecer una asociación específica. Se buscaba realizar actividades de calibración radiométrica de sensores ópticos. Es decir, ajustar y verificar la precisión de cámaras. También se pretendía calibrar instrumentos de observación utilizados desde satélites.

Por su parte, Alya Nanosatellites niega haber proporcionado datos al gobierno chino. La directora ejecutiva de la empresa es Aila Raquel. Al sitio de noticias G1, afirmó que su compañía tiene fines civiles. También destacó su carácter comercial.

La empresa se limita a proporcionar registros satelitales del territorio brasileño. Estos sirven para monitoreo ambiental. También se usan en respuesta a desastres naturales. Además, apoyan la gestión del territorio.

En un comunicado, Alya Space reiteró su posición. “Alya Space opera según estrictos principios civiles y comerciales, en línea con las leyes nacionales e internacionales aplicables”. Sin embargo, persisten las dudas sobre sus actividades.

El sitio web oficial de la startup se encuentra actualmente en construcción. No obstante, una versión anterior revelaba información adicional. Según O Estado de São Paulo, la página del 15 de enero de 2025 mencionaba otras bases.

Además de Tucano en la Rodovia Santos Dumont – BR-116, existirían otras tres. Una se ubicaría en Cuiabá, en Mato Grosso. Otra estaría en Sorocaba, en el estado de San Pablo. La tercera se encontraría en Paço do Lumiar, en Maranhão.

En 2023, Alya Space firmó un acuerdo significativo. La contraparte fue Hong Kong Aerospace Technology Group Limited. El convenio contemplaba la producción y lanzamiento de 108 satélites. Estos formarían parte de la constelación Alya-1.

Según el anuncio de HKATG, el acuerdo incluía otras infraestructuras. Se construiría un centro de gestión satelital. También se levantaría un centro de procesamiento de datos satelitales. Además, se establecerían dos estaciones terrestres. El precio contractual total alcanzaba aproximadamente 675 millones de dólares.

HKATG mantiene vínculos con el sector militar chino. En 2020 firmó un acuerdo con China Great Wall Industry Corporation. El objetivo era desarrollar la constelación de satélites “Golden Bauhinia”. CGWIC es una filial de China Aerospace Science and Technology Corporation.

CASC es el principal conglomerado aeroespacial estatal chino. También desarrolla misiles y sistemas espaciales militares. Esta conexión refuerza las sospechas sobre el uso dual de las instalaciones.

El gobierno chino utiliza a menudo empresas privadas para sus objetivos estratégicos. También recurre a universidades para eludir restricciones. Así refuerza las capacidades tecnológicas vinculadas al Ejército Popular de Liberación. El EPL son las Fuerzas Armadas de la República Popular China.

En 2023, HKATG firmó un memorando con Yibuti en África. El objetivo era desarrollar una base de lanzamiento para misiones espaciales. Sin embargo, el acuerdo expiró sin que se realizara ninguna obra. La iniciativa suscitó especulaciones sobre intenciones militares.

China ya tiene presencia militar en Yibuti. Una base del EPL fue inaugurada allí en 2017. La nueva instalación podría haber fortalecido la influencia militar china. También habría expandido su capacidad política en la región.

En 2021, el sitio Intelligence Online reveló información adicional. Varios dirigentes de HKATG tienen vínculos con el Departamento de Trabajo del Frente Unido. Esta organización china es responsable de campañas de influencia en el extranjero. El dato refuerza las preocupaciones sobre las verdaderas intenciones de estas empresas.

El informe estadounidense ha provocado reacciones en Brasil. La oposición brasileña pidió aclaraciones al Ministerio de Defensa. La Comisión de Relaciones Exteriores y Defensa Nacional actuó a comienzos de marzo. Aprobó una solicitud de información al Ministerio.

La solicitud fue presentada por el diputado Luiz Philippe de Orleans e Bragança. Pertenece al Partido Liberal. Además, es presidente de la comisión. La iniciativa busca esclarecer la naturaleza de estos acuerdos.

El documento estadounidense menciona otro sitio preocupante. Se trata del Laboratorio conjunto China-Brasil para radioastronomía. Fue creado en 2025 tras un acuerdo específico. El China Electric Science and Technology Network Communication Research Institute participó en él.

También firmaron la Universidad Federal de Campina Grande en Brasil. Asimismo, se sumó la Universidad Federal de Paraíba. El acuerdo formaliza colaboración bilateral en investigación avanzada. Abarca radioastronomía y tecnologías de observación del espacio profundo.

Además, contempla la planificación de grandes proyectos científicos. Sin embargo, el CESTNCRI está profundamente integrado en la base industrial de defensa china. Por tanto, las aplicaciones tecnológicas de estos sistemas generan inquietud.

Los sistemas de observación del espacio profundo podrían tener capacidades de doble uso. Serían utilizables para inteligencia militar. También para Space Situational Awareness. Además, permitirían el seguimiento de objetos espaciales de otros países.

La presencia espacial china en Brasil refleja una estrategia más amplia. Pekín busca expandir su influencia en América Latina. El espacio se ha convertido en un campo de competencia estratégica. Las tecnologías satelitales tienen implicaciones militares y comerciales.

Estados Unidos observa con preocupación estos desarrollos. Considera a América Latina una región vital para su seguridad nacional. La expansión china en el continente representa un desafío estratégico. Las capacidades de vigilancia espacial alteran el equilibrio regional.

Brasil ha desarrollado una política de cooperación con China en años recientes. Las relaciones comerciales entre ambos países son extensas. China es el principal socio comercial de Brasil. Sin embargo, la cooperación tecnológica genera dilemas de seguridad.

Las autoridades brasileñas enfrentan un equilibrio delicado. Buscan beneficiarse de la inversión y tecnología china. Al mismo tiempo, deben considerar las preocupaciones de seguridad. La relación con Estados Unidos también pesa en estas decisiones.

El sector espacial brasileño tiene una larga historia. El país ha desarrollado capacidades propias en tecnología satelital. También mantiene colaboraciones con diversos países. Sin embargo, la asociación con China presenta características particulares.

La opacidad de algunos acuerdos genera desconfianza. Las conexiones entre empresas chinas y el sector militar son evidentes. El gobierno chino no separa claramente lo civil de lo militar. Esta fusión complica la evaluación de los riesgos reales.

La tecnología satelital tiene múltiples aplicaciones. Sirve para comunicaciones, monitoreo ambiental y gestión de recursos. También resulta crucial para la defensa y la inteligencia. Por tanto, el control de estas infraestructuras es estratégico.

Las estaciones terrestres permiten comunicarse con satélites en órbita. También facilitan la recepción y transmisión de datos. Su ubicación geográfica es importante para la cobertura global. Brasil, por su extensión, ofrece ventajas estratégicas.

La constelación de satélites Alya-1 contempla 108 unidades. Esta cantidad permitiría una cobertura extensa. Los datos generados serían voluminosos. El procesamiento de esta información requiere centros especializados.

Los 675 millones de dólares del contrato representan una inversión significativa. Estos recursos fluyen hacia empresas con vínculos militares chinos. Por tanto, existe una transferencia de capacidades tecnológicas. También se establece una dependencia en infraestructura crítica.

El caso de Yibuti ilustra el patrón chino de expansión. Primero se establecen instalaciones civiles o comerciales. Posteriormente, pueden adquirir usos militares. La base del EPL en ese país africano siguió esta trayectoria.

El Departamento de Trabajo del Frente Unido es una herramienta clave de Pekín. Opera en el extranjero para influir en gobiernos y sociedades. Sus actividades incluyen propaganda y cooptación de élites. La presencia de sus miembros en empresas espaciales no es casual.

La radioastronomía permite observar el universo mediante ondas de radio. Requiere antenas y receptores muy sensibles. Sin embargo, esta misma tecnología puede rastrear satélites. También puede interceptar comunicaciones espaciales.

La observación del espacio profundo implica capacidades técnicas avanzadas. Los telescopios y antenas necesarios son de gran tamaño. Su construcción requiere inversiones importantes. Una vez establecidos, resultan difíciles de desmantelar.

La Universidad Federal de Campina Grande tiene prestigio en tecnología. La Universidad Federal de Paraíba también es reconocida. Su participación en estos proyectos les aporta recursos y conocimientos. Sin embargo, también las vincula a redes de posible uso militar.

La competencia entre Estados Unidos y China define el siglo XXI. Esta rivalidad abarca todos los ámbitos. El espacio es un campo de batalla crucial. El control de la órbita terrestre tiene implicaciones estratégicas.

América Latina se encuentra en medio de esta competencia. Los países de la región buscan beneficiarse de ambas potencias. Sin embargo, también enfrentan presiones y dilemas. Las decisiones tecnológicas tienen consecuencias geopolíticas.

Brasil aspira a ser una potencia regional. Su programa espacial forma parte de esta ambición. La cooperación internacional es necesaria para avanzar. No obstante, la elección de socios determina el futuro estratégico.

La transparencia en estos acuerdos es fundamental. Los ciudadanos tienen derecho a conocer los compromisos de sus gobiernos. Las implicaciones de seguridad deben ser debatidas públicamente. La opacidad solo alimenta la desconfianza.

El Congreso brasileño tiene responsabilidad de supervisión. Debe fiscalizar los acuerdos internacionales del gobierno. La solicitud de información al Ministerio de Defensa es apropiada. Los legisladores deben obtener respuestas claras.

La soberanía nacional está en juego en estas decisiones. El control de infraestructuras críticas no puede delegarse. La dependencia tecnológica genera vulnerabilidades. Brasil debe evaluar cuidadosamente estos riesgos.

La comunidad internacional observa estos desarrollos con atención. Los aliados tradicionales de Brasil expresan preocupación. Las relaciones hemisféricas podrían verse afectadas. La confianza mutua

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