En 2024, 4,9 millones de niños murieron antes de cumplir los cinco años a nivel mundial. Además, 2,3 millones de estos fallecimientos correspondieron a recién nacidos. Estos datos alarmantes fueron presentados el martes 17 de marzo por la Organización de las Naciones Unidas.
El informe Niveles y tendencias de la mortalidad infantil fue elaborado por UNICEF, la OMS, el Banco Mundial y el Departamento de Asuntos Económicos y Sociales de la ONU. Por primera vez, el documento presenta la imagen más detallada sobre cuántos niños, adolescentes y jóvenes mueren. Asimismo, revela dónde ocurren estos fallecimientos y cuáles son las causas específicas de muerte.
Aunque las muertes de menores de cinco años se han reducido a más de la mitad desde el año 2000, el ritmo de reducción se ha desacelerado significativamente. Específicamente, esta desaceleración supera el 60% desde 2015. Por consiguiente, las entidades que participaron en el informe lanzaron una alerta sobre esta tendencia preocupante.
Catherine Russell, directora ejecutiva de UNICEF, expresó su preocupación sobre esta situación. “No debería morir ningún niño por enfermedades que sabemos cómo prevenir”, señaló Russell. Además, advirtió que “vemos señales preocupantes de que el progreso en la supervivencia infantil se está ralentizando”. Igualmente, destacó que esto ocurre “en un momento en que estamos asistiendo a nuevos recortes presupuestarios mundiales”.
El documento revela que casi la mitad de las muertes se producen en el primer mes de vida. Entre los recién nacidos, las complicaciones derivadas del parto prematuro representaron el 36% de los casos. Por otro lado, las complicaciones durante el trabajo de parto y el parto alcanzaron el 21%. Estas cifras evidencian la vulnerabilidad extrema de los primeros días de vida.
Li Liu, profesora asociada de la Escuela de Salud Pública Bloomberg de Johns Hopkins, participó en la elaboración del informe. Según Liu, “las inversiones específicas en atención primaria de salud, servicios de salud materna y neonatal, inmunización rutinaria, programas de nutrición y sistemas de datos de calidad pueden salvar millones de vidas”. De esta manera, la experta subrayó la importancia de destinar recursos a estas áreas críticas.
Para el grupo de menores que superaron el primer mes de vida, las causas de muerte cambian considerablemente. En total, 2,6 millones de niños murieron después de superar ese período inicial. La malaria o paludismo fue la principal causa de muerte, representando el 17% de los casos. Notablemente, la mayoría de estos fallecimientos ocurrieron en África subsahariana, donde la enfermedad es endémica.
África subsahariana concentra el 58% de las muertes de menores de cinco años a nivel mundial. En esta región, las principales enfermedades infecciosas fueron responsables del 54% de las muertes. Consecuentemente, la situación sanitaria en esta zona representa el mayor desafío global en mortalidad infantil.
A modo de comparación, en Europa y América del Norte las enfermedades infecciosas fueron responsables del 9% de las muertes. Mientras tanto, en Australia y Nueva Zelanda la proporción cae dramáticamente al 6%. Estas diferencias regionales reflejan las profundas desigualdades en el acceso a servicios de salud básicos. Asimismo, evidencian las brechas en infraestructura sanitaria entre regiones desarrolladas y en desarrollo.
Tedros Adhanom Ghebreyesus, director general de la OMS, enfatizó el impacto de los conflictos armados. Según Ghebreyesus, “los niños que viven en medio de conflictos y crisis tienen casi tres veces más probabilidades de morir antes de cumplir los cinco años”. Por tanto, hizo un llamado urgente: “Debemos proteger los servicios esenciales de salud y nutrición y llegar a las familias más vulnerables”.
Los organismos internacionales advirtieron que la financiación de los programas de salud maternoinfantil está bajo presión. Sin embargo, recordaron que estos programas son una de las inversiones más rentables disponibles. Específicamente, cada dólar destinado a la supervivencia infantil puede generar hasta 20 dólares en beneficios sociales y económicos.
Esta rentabilidad excepcional demuestra que invertir en salud infantil no es solo una obligación moral. También representa una decisión económicamente inteligente para el desarrollo de las naciones. No obstante, los recortes presupuestarios actuales amenazan estos programas vitales en un momento crítico.
La desaceleración en el progreso de la supervivencia infantil representa un retroceso preocupante. Después de décadas de avances sostenidos, la reducción de la velocidad de mejora sugiere problemas sistémicos. Entre estos problemas se encuentran la falta de financiamiento, los conflictos armados y las crisis humanitarias.
Las complicaciones del parto prematuro continúan siendo la principal causa de muerte neonatal a nivel global. Estas complicaciones son, en gran medida, prevenibles con atención médica adecuada durante el embarazo. Además, requieren instalaciones hospitalarias equipadas para atender partos de riesgo y neonatos prematuros.
Las complicaciones durante el trabajo de parto y el parto representan otra causa significativa de mortalidad neonatal. Muchas de estas muertes podrían evitarse con la presencia de personal médico capacitado durante el alumbramiento. Igualmente, se necesita acceso oportuno a intervenciones de emergencia como cesáreas cuando sea necesario.
La malaria sigue siendo un asesino devastador de niños en África subsahariana. A pesar de la disponibilidad de tratamientos efectivos y medidas preventivas como mosquiteros tratados con insecticida, la enfermedad persiste. Principalmente, esto se debe a la falta de acceso a estos recursos en comunidades remotas y empobrecidas.
Las enfermedades infecciosas dominan el panorama de mortalidad infantil en las regiones más pobres del mundo. Enfermedades como neumonía, diarrea y sarampión son fácilmente prevenibles y tratables con recursos adecuados. Sin embargo, la ausencia de sistemas de salud robustos permite que estas enfermedades continúen cobrando vidas infantiles.
El contraste entre las tasas de mortalidad por enfermedades infecciosas en diferentes regiones es revelador. Mientras que en África subsahariana estas enfermedades causan más de la mitad de las muertes infantiles, en países desarrollados representan menos del 10%. Esta disparidad ilustra claramente el impacto de la desigualdad global en la salud infantil.
Los conflictos armados y las crisis humanitarias multiplican exponencialmente el riesgo de muerte infantil. Durante estos eventos, los sistemas de salud colapsan y las familias pierden acceso a servicios básicos. Además, la malnutrición, el desplazamiento forzado y las enfermedades se propagan rápidamente en estas condiciones.
La protección de los servicios esenciales de salud durante conflictos es fundamental pero frecuentemente ignorada. Los hospitales y clínicas son atacados, el personal médico huye y los suministros se agotan. Consecuentemente, las poblaciones más vulnerables quedan completamente desprotegidas ante enfermedades y complicaciones médicas.
La atención primaria de salud representa la primera línea de defensa contra la mortalidad infantil. Estos servicios incluyen vacunación, control prenatal, atención del parto y tratamiento de enfermedades comunes. Cuando estos servicios están disponibles y son accesibles, las tasas de mortalidad infantil disminuyen dramáticamente.
Los servicios de salud materna y neonatal son particularmente críticos durante el embarazo y el parto. El acceso a atención prenatal permite detectar y manejar complicaciones antes de que se vuelvan mortales. Asimismo, la atención calificada durante el parto reduce significativamente el riesgo de muerte tanto para la madre como para el bebé.
La inmunización rutinaria ha sido históricamente una de las intervenciones de salud pública más exitosas. Las vacunas previenen enfermedades mortales como sarampión, polio y neumonía a un costo relativamente bajo. Sin embargo, la cobertura de vacunación ha disminuido en algunos lugares debido a conflictos, desinformación y falta de recursos.
Los programas de nutrición son esenciales para prevenir la mortalidad infantil relacionada con la desnutrición. La malnutrición debilita el sistema inmunológico de los niños, haciéndolos más susceptibles a enfermedades infecciosas. Además, la desnutrición durante el embarazo aumenta el riesgo de parto prematuro y bajo peso al nacer.
Los sistemas de datos de calidad permiten identificar dónde y por qué mueren los niños. Esta información es crucial para diseñar intervenciones efectivas y dirigir recursos donde más se necesitan. No obstante, muchos países carecen de sistemas robustos de registro civil y estadísticas vitales.
La rentabilidad de las inversiones en salud infantil debería motivar a los gobiernos a priorizar estos programas. Un retorno de 20 dólares por cada dólar invertido supera ampliamente la mayoría de las inversiones económicas. Estos beneficios incluyen mayor productividad económica, reducción de costos de salud y desarrollo de capital humano.
Los recortes presupuestarios mundiales en programas de salud maternoinfantil son particularmente preocupantes en este contexto. Estos recortes ocurren precisamente cuando se necesita acelerar, no desacelerar, el progreso en supervivencia infantil. Además, amenazan con revertir décadas de avances duramente ganados en la reducción de la mortalidad infantil.
Las familias más vulnerables son las que más sufren las consecuencias de sistemas de salud inadecuados. Estas familias generalmente viven en áreas rurales remotas, zonas de conflicto o barrios urbanos marginales. Frecuentemente, carecen de recursos financieros para acceder a atención médica privada cuando los servicios públicos fallan.
La fotografía de Jamila, la mujer afgana cargando a su hija de ocho meses en Herat, ilustra esta realidad. Afganistán representa uno de los países con mayores tasas de mortalidad infantil del mundo. Allí, los conflictos prolongados han devastado el sistema de salud y dejado a millones sin acceso a atención básica.
Médicos Sin Fronteras y otras organizaciones humanitarias intentan llenar los vacíos dejados por sistemas de salud colapsados. Sin embargo, estos esfuerzos, aunque valiosos, no pueden sustituir sistemas de salud nacionales funcionales y sostenibles. Además, estas organizaciones frecuentemente enfrentan restricciones de acceso y limitaciones de financiamiento.
La prevención de enfermedades infantiles requiere un enfoque multifacético que va más allá de la atención médica. Incluye acceso a agua potable, saneamiento adecuado, nutrición apropiada y educación sobre salud. Todos estos factores interactúan para determinar la probabilidad de que un niño sobreviva sus primeros cinco años.
El agua potable y el saneamiento adecuado previenen enfermedades diarreicas, una causa importante de mortalidad infantil. Sin embargo, millones de personas en países en desarrollo aún carecen de acceso a estos servicios básicos. Esta carencia perpetúa un ciclo de enfermedad y muerte que afecta desproporcionadamente a los niños pequeños.
La educación sobre salud materna e infantil empodera a las familias para tomar decisiones informadas. Cuando las madres conocen la importancia de la lactancia materna, la vacunación y la búsqueda oportuna de atención médica, mejoran los resultados de salud. Por tanto, los programas educativos son complementos esenciales de los servicios de salud directos.
La lactancia materna exclusiva durante los primeros seis meses de vida protege a los bebés contra infecciones. Además, proporciona nutrición óptima y fortalece el vínculo entre madre e hijo. Sin embargo, factores como la falta de apoyo, la desinformación y las presiones comerciales reducen las tasas de lactancia.
El acceso oportuno a tratamiento para enfermedades comunes puede marcar la diferencia entre la vida y la muerte. Enfermedades como neumonía y diarrea son fácilmente tratables con antibióticos y rehidratación oral respectivamente. No obstante, muchos niños mueren porque no reciben estos tratamientos simples a tiempo.
La distancia a los centros de salud es un factor crítico en la mortalidad infantil en áreas rurales. Las familias pueden tener que caminar horas o incluso días para llegar a la instalación de salud más cercana. Durante este tiempo, la condición de un niño enfermo puede deteriorarse rápidamente, especialmente en casos de neumonía o malaria.
Los costos de atención médica representan otra barrera significativa para las familias pobres. Incluso cuando los servicios están disponibles, muchas familias no pueden pagar las tarifas, medicamentos o transporte. Consecuentemente, retrasan o evitan buscar atención hasta que es demasiado tarde para salvar al niño.
La escasez de personal de salud capacitado afecta particularmente a las regiones con mayor mortalidad infantil. Muchos países en desarrollo tienen menos de un médico por cada 10,000 habitantes. Además, el personal de salud disponible frecuentemente se concentra en áreas urbanas, dejando las zonas rurales desatendidas.
La retención de personal de salud en áreas remotas es un desafío constante para los sistemas de salud. Los trabajadores de salud enfrentan condiciones difíciles, salarios bajos y oportunidades limitadas de desarrollo profesional. Por tanto, muchos migran hacia ciudades o países más desarrollados, agravando la escasez en áreas necesitadas.
La calidad de la atención médica es tan importante como el acceso a los servicios. Instalaciones sin equipamiento adecuado, medicamentos o personal capacitado no pueden proporcionar atención efectiva. Desafortunadamente, muchos centros de salud en países pobres funcionan con recursos mínimos y condiciones precarias.